Ficha informativa
La exposición ‘tierra, viento y fuego’ de Raquel Schwartz en la casa Melchor Pinto de Santa Cruz presenta obras que exploran lo matérico y lo orgánico, destacando la técnica del rakú y la transformación de la materia.
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Contexto:
La muestra se presenta como una continuación de la anterior exposición ‘jardín colgante’. La artista utiliza el rakú, técnica que ha perfeccionado a lo largo de los años. Alejandra Alarcón menciona que las últimas exposiciones de Raquel producen experiencias naturales sin necesidad de representarlas.
El espacio expositivo no es un cubo blanco, sino un ambiente doméstico que rompe con el diseño tradicional. Las mesas utilizadas para exhibir los objetos permiten una interacción más cercana entre las obras y los visitantes.
Por qué importa:
La exposición permite a la ciudadanía apreciar los procesos elementales de la vida y la transformación del material, promoviendo un diálogo entre el arte y el espectador. Esto puede influir en la percepción del arte contemporáneo en Santa Cruz.
Datos clave:
- Nombre de la exposición: tierra, viento y fuego
- Artista: Raquel Schwartz
- Lugar: Casa Melchor Pinto, Santa Cruz
- Fecha de la anterior exposición: marzo de 2025
- Año de cita de Alejandra Alarcón: 2026
Por: Jorge Luna Ortuño
UNA MUESTRA INUSUAL EN MELCHOR PINTO
Entrando a la casa Melchor Pinto, uno de los espacios culturales que alegra la vivencia del centro histórico de Santa Cruz, la ciudadanía se encontrará con una notable exposición de la artista Raquel Schwartz, titulada “tierra, viento y fuego”. Es una nueva oportunidad de ver su pintura desde la anterior, “jardín colgante”, que mostró en marzo del año pasado en la galería manzana 1 (otro bálsamo dentro del casco viejo).
Al ingresar a la sala, topamos de frente el cuadro más imponente de la muestra, el que tiene al color azul predominante. No hay fichas técnicas. A primera vista se aprecian varias posibilidades en su composición: un arrecife, una colonia microscópica, una red neuronal, o más allá, una llamarada azul, fragmento de marea ascendente, lluvia invertida… pero esta es todavía la mente que quiere buscar algo que represente de la realidad en el cuadro. Por lo pronto, simplemente marca el tono en general tranquilo de la muestra, serenidad de azul-agua-profundidad.

Luego, al abrir la mirada al resto de la sala, notaremos que se ha condensado una diversidad de elementos; es un único ambiente, largo, de techo alto y antiguo, con dos ventanas que dan hacia el patio de la casa. No es un cubo blanco, es más bien un lugar de estética doméstica, y la museografía juega con ello, rompe con el diseño la monocromía de las paredes y además le agrega un aire de laboratorio o de gabinete. Vemos pinturas y acuarelas en diferentes formatos, también cerámicas, pero otra cosa que capta poderosamente la atención son dos mesas acomodadas de manera transversal en la zona central, a modo de muestrarios. En ellas vemos posados recipientes de cerámica, de diferentes tamaños, colores y texturas –realizados por medio de la técnica del rakú, que Raquel Schwartz ha perfeccionado a lo largo de los años.

Intermezzo: Hay que elogiar la decisión de usar las mesas, porque rompe el aislamiento museográfico que transmiten los objetos colocados en pedestales –recurso muy repetido en las exposiciones locales. Las mesas permiten que los objetos se observen en un mismo plano y dialoguen entre ellos; además, el aire de vitrinas que añaden las cajas de vidrios, le da a los objetos cerámicos un aura de colección científica, como si hubiera algo de observación arqueológica. Esto se refuerza al ver en ellas una evocación de huevos blancos, luego semillas, células, es decir, de formas potenciales, procesos.

Los cuadros de pintura nos van dando más datos, transmitiéndonos sensaciones. No son imágenes cerradas, más bien aparecen como atmósferas o campos donde algo pasa. Hay ciertas salpicaduras y líneas gestuales que nos podrían recordar a Jack Pollock, Joan Mitchell y otros. Pero lo que me llama la atención es que son cuadros que dan espacio al vacío y al silencio. Los tonos más enérgicos, impetuosos, que llenaban todo el cuadro, como los que vimos en otra exposición de la artista, revolution (nube, 2022), ahora han dado paso a una estrategia más abierta al diálogo con la imprevisibilidad de la materia.
En el gran cuadro azul que mencionamos al principio, la mitad superior casi desaparece, no se ocupa todo, vemos unas raíces submarinas ante una neblina blanca, un equilibrio entre caos y respiración. Así como se mantiene un equilibrio entre la pulcritud de la puesta en el espacio frente al caos del proceso previo que llevó a la producción de estas obras. El rakú habla del humo, del fuego, de la transformación del material en horno a elevadas temperaturas, con todo el desarreglo y la ocupación del aire que genera la actividad, que puede llegar a incomodar a los vecinos. pero la exposición domestica la locura del proceso, la encuadra en ese ambiente, para una apreciación de algo pulcro e impecable.
VALORACIÓN FINAL
“Tierra, viento y fuego” es un deseo de compartir la contemplación de los procesos elementales de la vida, de la transformación de la materia. Alude a las condiciones físicas del trabajo artístico. La tierra podría ser el barro y el pigmento; el fuego es el horno del rakú y la cocción de la cerámica; el viento podría entenderse como el secado, la respiración en el gesto, etc. es una aceptación, el artista no está en total control del producto final de lo que muestra, es más bien el agente que deja algo suceder.
Y una voz que quise sumar en este artículo, es de la artista Alejandra Alarcón, radicada en México, compenetrada desde siempre con las imágenes acuáticas en su imaginario. Viendo las fotografías y algún video sobre la muestra, le pedí me compartiera unas líneas que ahora dejo aquí a modo de un cierre lúcido: “En las últimas exposiciones de Raquel, lo matérico produce una experiencia de naturaleza sin necesidad de representarla. Las transparencias de la acuarela, el espacio negativo en la composición y las formas orgánicas de sus cerámicas construyen un universo de vegetación, humedad, textura, piedra y luz. Esta exploración ya estaba presente en la pieza que atesoro de ella, perteneciente a la serie “parto de mariposa”: ese papel donde el fluido de los insectos al nacer dejó un rastro orgánico y aleatorio. No hay dibujo; es el registro puro de una fuerza vital y del paso del tiempo sobre el soporte”. (Alarcón, 2026).
Después de leer
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