Ficha informativa
A las cinco de la mañana, ochenta personas esperan en el hospital regional por atención médica gratuita. La situación refleja la falta de cumplimiento del Estado en sus promesas de salud.
Toca para ver el contexto completo
Contexto:
Doña Mercedes guarda promesas de salud en una carpeta. El hospital fue inaugurado tres veces pero sigue con problemas estructurales. Julián menciona que no tiene seguro y trabaja como repartidor.
A las 6:30 horas llegan funcionarios con un fotógrafo. La salud se presenta como una deuda no cumplida por el Estado, mientras que el presupuesto se discute lejos de quienes necesitan atención.
Por qué importa:
La falta de atención médica adecuada afecta a los ciudadanos, quienes deben esperar largas horas y enfrentarse a la escasez de medicamentos. La inflación reduce su poder adquisitivo.
Datos clave:
- 80 personas esperan a las 5:00 horas.
- 68 años tiene doña Mercedes.
- 24 años tiene Julián.
- La consulta de Mercedes finaliza a las 11:30 horas.
A las cinco de la mañana, frente al hospital regional, ya hay ochenta personas. Nadie las convocó. Llegaron con un termo de café, una cobija gastada y la paciencia de quien aprendió que el Estado no abre a las siete, sino cuando puede.
Doña Mercedes ocupa el lugar treinta y dos. Tiene sesenta y ocho años, diabetes y una carpeta de plástico donde guarda todas las promesas que le hicieron: El volante de “Salud gratuita para todos”, el tríptico de la “libertad de elegir” y una cita para endocrinología programada hace ocho meses.
—Todos vinieron —dice—. Unos a cortar la cinta y otros a cortar el presupuesto.
Lo dice sin rabia, con la resignación de quien vio pasar el péndulo demasiadas veces. El hospital fue inaugurado tres veces; el techo de la sala de espera siguió goteando.
A su lado espera Julián, veinticuatro años, repartidor sin seguro porque una aplicación lo llama “socio”. Es libre, explica: Libre de trabajar catorce horas y de no enfermarse.
—A mi papá le regalaban bolsas de comida en cada votación. A mí me dicen que me esfuerce. Nadie me preguntó qué necesitaba.
A las seis y media llega una camioneta blanca con funcionarios y un fotógrafo que pide sonrisas. Mercedes guarda el folleto que le entregan detrás de los otros. La colección crece; la salud, no.
La inflación también hace fila: Se llevó la mitad de su pensión sin pedir turno. Luego llegan los del ajuste a pedirle que se apriete el cinturón, como si le quedara agujero.
A las ocho abren la puerta. El sistema se cae. Nadie protesta. A pocas cuadras, en un salón con aire acondicionado, se discute el presupuesto. Todos citan al pueblo. Ninguno está en la fila.
Mercedes sale de consulta a las once y media con una receta que la farmacia no tiene.
—Vuelvo el mes que viene. Alguien tiene que cumplir su parte.
Quizá el bienestar no sea un programa, sino una deuda de honor. Mientras tanto, las filas de las cinco de la mañana seguirán siendo el verdadero informe de gobierno: El único que nadie lee y el único que nunca miente.
* Post Ph. D. Alfredo Eduardo Mancilla Heredia
Doctor en Economía · Posdoctor en Formación de Investigadores Académico Nacional e Internacional Director Regional Cbba. Contacto Económico Periodista acreditado por APC – ANPB
Después de leer
Esta sección propone una forma distinta de interactuar con la información y comprobar qué tan clara quedó la nota.

