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Bolivia necesita volver a producir

ilustración de producción
el modelo estatista de los últimos 20 años incrementó el contrabando, precarizó al sector privado y bloqueó la inversión extranjera • abi.bo
La industria boliviana enfrenta una caída del 11,33% en el segundo trimestre de 2026.¿Qué medidas pueden revertir esta situación?

Ficha informativa

La industria boliviana enfrenta una caída del 11,33% en el segundo trimestre de 2026, con una contracción acumulada del 3,27% en la economía. La situación se agrava con el cierre de empresas y la falta de políticas de fomento a la producción.

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Contexto:

El INE reportó que entre enero y junio de 2026, la industria nacional ha enfrentado problemas por contrabando, conflictos sociales y caída de demanda interna. Las causas incluyen un modelo estatista que ha debilitado el sector privado y bloqueado inversión extranjera.

Se mencionan ejemplos de otros países como Paraguay, Perú, Argentina y Estados Unidos que han implementado políticas para proteger y fomentar su industria. Bolivia necesita seguridad jurídica e inversión privada para recuperar su capacidad manufacturera.

Por qué importa:

Un eventual colapso industrial podría resultar en pérdida de capacidad para generar riqueza, empleo formal y desarrollo. La falta de producción nacional compromete el futuro económico del país.

Datos clave:

  • Caída de la industria manufacturera: 11,33%
  • Contracción acumulada de la economía: 3,27%
  • Cierre de la empresa Manaco: debido a deuda insostenible
Bolivia necesita volver a producir
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Según el INE, entre enero y junio de 2026, la economía boliviana registró una contracción acumulada del 3,27%. Uno de los sectores más afectados fue la industria manufacturera, que pasó de crecer un 5,72% en el primer trimestre a registrar una caída del 11,33% en el segundo. La misma entidad ha señalado que “este deterioro podría (…) afectar las expectativas de empresarios e inversionistas, generando incertidumbre y volatilidad”.

A estos datos se suma el anuncio del cierre de la empresa Manaco, agobiada por una deuda insostenible, el contrabando y los conflictos sociales. Lamentablemente, no es un caso aislado. En las últimas décadas la industria nacional de textiles, y parte de la alimenticia, mueblería, productos químicos y materiales de construcción han tenido el mismo destino.

Adicionalmente, los problemas generados por la caída de la demanda interna, el mayor costo de los insumos importados, el encarecimiento del transporte por el alza del diésel y la persistente escasez de dólares, configuran el peor escenario posible para la industria privada nacional.

Aunque el modelo estatista de los últimos 20 años –que incrementó el contrabando, precarizó al sector privado y bloqueó la inversión extranjera– aceleró la debacle, las causas que condujeron a esta situación aparecieron mucho antes, con el debilitamiento de la cultura industrial y la ausencia de políticas de fomento a la producción nacional.

El problema es estructural. Un eventual colapso de la industria puede traer consecuencias que van mucho más allá del cierre de fábricas, al crecimiento del contrabando o la crisis de un sector: representan la pérdida de la capacidad nacional para generar riqueza, empleo formal, conocimiento, tecnología y desarrollo.

Muchos países han enfrentado este problema utilizando instrumentos públicos para crear condiciones que permitan a sus productores nacionales competir, invertir, modernizarse, generar empleo y conquistar mercados. Entre esos instrumentos figuran aranceles y mecanismos de defensa comercial frente a prácticas desleales; incentivos tributarios; financiamiento preferencial para la industria; protección temporal y selectiva de sectores estratégicos; preferencia por la producción nacional en las compras públicas; simplificación administrativa y reducción de costos regulatorios, y desarrollo de infraestructura, tecnología, capacitación y cadenas de proveedores nacionales.

Paraguay ha desarrollado un esquema que busca atraer empresas manufactureras ofreciendo un régimen tributario competitivo, reglas previsibles, facilidades para importar maquinaria e insumos y una estrategia de integración productiva con sus vecinos. Perú aplica un modelo de promoción de sus empresas, incentivos a la productividad y un esquema que restituye a los exportadores parte de los aranceles pagados por insumos importados (drawback).

Desde hace varias décadas, Argentina combina la protección del mercado interno con la promoción sectorial, incentivos regionales y regímenes especiales para grandes inversiones, utilizando instrumentos como bonos de crédito fiscal para fabricantes nacionales de bienes de capital, y compensando desventajas tributarias para fortalecer a los proveedores y estimular la sustitución competitiva de las importaciones.

Aunque Chile no utiliza una política generalizada de protección a su industria, dispone de instrumentos para desarrollar capacidades nacionales utilizando créditos y garantías para inversiones productivas; cofinanciamiento de proyectos de innovación; programas para mejorar la productividad de las mypes, y apoyo a proyectos industriales regionales.

Estados Unidos constituye un ejemplo emblemático. Pese a defender el libre comercio, utiliza instrumentos de intervención estatal para desarrollar industrias consideradas fundamentales a través de la protección de sectores estratégicos, incentivos masivos a la producción nacional, compras públicas y políticas de seguridad económica.

Defender la industria nacional y promover la apertura económica no son objetivos contradictorios. La protección industrial no es sinónimo de proteccionismo indiscriminado. Los países pueden mantener economías abiertas y, al mismo tiempo, establecer instrumentos que corrijan asimetrías competitivas y favorezcan la producción nacional.

No basta con defender la estabilidad macroeconómica ni con aumentar las exportaciones de materias primas. Bolivia no puede resignarse a importar lo que antes producía ni a contemplar pasivamente la desaparición de su industria. Recuperar la capacidad manufacturera exige seguridad jurídica, inversión privada, competencia justa y políticas públicas que promuevan la productividad.

El desafío no es cerrar nuestra economía, sino abrirla desde una posición de mayor fortaleza. Un país que renuncia a producir compromete su empleo, su capacidad de generar riqueza y, en definitiva, su futuro. La pregunta ya no es si podemos proteger la industria que nos queda, sino cuántas empresas tienen que cerrar mientras decidimos.

Ronald Nostas Ardaya

* Ronald Nostas Ardaya
Industrial y ex Presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia

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Instrucciones: Identifica la respuesta que mejor refleje la información presentada en la nota.

¿Por qué es importante recuperar la capacidad manufacturera en Bolivia?

  • Para aumentar las importaciones
  • Para generar empleo y riqueza
  • Para cerrar la economía
  • Para evitar el desarrollo tecnológico
©2026 Editorial La Patria Ltda.
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Secuencia de los hechos

Instrucciones: Ordena los acontecimientos según el momento en que ocurrieron, desde el primero hasta el último.
  1. Debilitamiento de la cultura industrial en Bolivia
  2. Implementación del modelo estatista en los últimos 20 años
  3. Contracción acumulada de la economía boliviana del 3,27% entre enero y junio de 2026
  4. Cierre de la empresa Manaco debido a problemas económicos
  5. Proyección de un eventual colapso de la industria que afectará el futuro económico del país
©2026 Editorial La Patria Ltda.
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