Ficha informativa
Ted Carrasco Núñez del Prado, artista boliviano fallecido el 9 de agosto de 2026 a los 93 años, destacó por su obra escultórica en piedra y su autodidactismo. Su legado se extiende por varios países y su técnica se basa en un diálogo con el material.
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Contexto:
Carrasco se formó en la práctica y no asistió a academias. Su infancia en El Alto fue clave para su desarrollo artístico. Vivió experiencias significativas durante la Guerra del Chaco y la Revolución del 52. Su primer amor fue Ula, con quien tuvo un hijo llamado Makuri. Posteriormente, estuvo con Francine Secretán, con quien tuvo dos hijos: Amaru y Naraya.
Carrasco utilizó diversos materiales como granito, mármol y bronce. Su técnica se centraba en un diálogo con la piedra. Participó en simposios internacionales donde dejó obras en espacios públicos alrededor del mundo.
Por qué importa:
Su obra ha dejado una huella importante en el arte contemporáneo boliviano y ha sido reconocida internacionalmente. La reubicación de sus esculturas refleja cambios urbanos en La Paz y el reconocimiento a su legado artístico.
Datos clave:
- Nombre: Ted Carrasco Núñez del Prado
- Fecha de nacimiento: 1933
- Fecha de fallecimiento: 9 de agosto de 2026
- Edad al fallecer: 93 años
- Lugares donde vivió: La Paz (Bolivia), Toulusse (Francia), Venezuela, Amsterdam, México, entre otros.
- Años de creación de la “Cabeza de Zepita”: 1989
- Año de reubicación de la “Cabeza de Zepita”: 2010
Me han sucedido cosas mágicas desde que empecé a investigar sobre la vida y obra de un emblemático personaje del arte universal que falleció el pasado domingo 9 de agosto a los 93 años de edad. Ted Carrasco Núñez del Prado (La Paz, Bolivia 1933 – Toulusse, Francia 2026) es el nombre propio de un torbellino, un hombre elemental, que fundó su existencia en la experiencia directa con la materia vital. Vida y obra son en él igualmente suculentas. Una vida que vivió reinventándose varias veces en el camino, mientras que su obra escultórica se fue haciendo el eje conductor de su camino. Derrochó energía y deseo de expandirse siguiendo a la intuición, vivió, expuso y trabajó en geografías tan diversas como Venezuela, Suecia, Bélgica, Holanda, México y Francia. Fue un paceño que se tornó universal. El viaje no era turismo para él, era más bien una extensión de su método creativo, abierto a trabajar donde fuera bien recibido y con lo que tuviera a mano, exponiéndose a las irradiaciones de las diferentes culturas y materiales del lugar.

En cuanto a su técnica, consideraba a las piedras como el medio escultórico definitivo, usó granito, basaltos, mármoles y ónix. En un breve compendio sobre su obra –digitalizado por la Biblioteca de la Carrera de Artes Plásticas de la UMSA–, explican que su preferencia por la piedra se debía a que la veía como un material natural que no necesita ser elaborado ni transformado, “no hay nada que añadirle, solo hay que restarle y extraerle”. Esta preferencia sin embargo no le impidió trabajar con todo tipo de materiales, como el yeso y poliester, madera y bronce. Se le elogia mucho el grado profundo de entendimiento que demostraba con el material de soporte que eligiera, sabía cincelarlo y pulirlo en modo tal que emergiera de él la idea que deseaba transmitirle.

En su historia llena de hechos sui generis, propios de una serie de televisión americana, puede decirse que tuvo su primera gran exposición individual en Amsterdam, donde exhibió sus trabajos en piedra gracias a la cooperación de varios amigos que hizo allá, cómplices del esfuerzo que le veían dedicarle a su arte en el taller. Ted mismo cuenta que aquella inauguración estaba repleta de visitantes, y que después llegó a enterarse de que las palabras de presentación las había dado el alcalde de la ciudad, mientras él no entendía nada porque no hablaba el holandés.
Pero el caso curioso de Ted Carrasco es el modo en que llevó al extremo su autodidactismo, no estudió formalmente en ninguna academia de artes, y por lo que se sabe ni siquiera terminó el colegio; su escuela fue a la intemperie, con la necesidad, aprendió siempre todo trabajando y sobre la marcha. Aquella frase de Jesús Urzagasti, “cuido mi ignorancia como oro”, se le acomodaba muy bien, puesto que él preservaba algo en su cauce, una inocencia, la capacidad de observar y de escuchar estando presente, sin manuales ni teorías de por medio que contaminaran su espíritu.

Conversar con algunos de sus familiares me ayudó a entenderlo, o más bien a captar las frecuencias por donde se movía, las cuales no me resultan ajenas. De hecho, Tania Carrasco, antropóloga, me hizo ver que la vida en el campo que tuvieron junto a sus hermanos, ayudando a su papá en la finca que poseía en una zona de El Alto; debió ser una de sus mayores escuelas, ordeñando a las vacas, aprendiendo a cuidar de otros seres vivos, alimentando a su caballo e interactuando también con la gente del lugar, lo cual lo llevó a aprender el aymara.

La escritura de este primer artículo dedicado a su memoria, se ve interrumpida constantemente por un torrente de imágenes al recordar las anécdotas que le cuenta a su sobrino Uri Carrasco, talentoso cineasta radicado en Santa Cruz; gracias a Uri y a la hija de Ted, Nayara Carrasco, pude ver un material inédito, una entrevista en varias partes en la que Ted va contando diversas historias de su vida desde los inicios. Risa franca y fácil, no se escuchan quejas ni arrepentimientos de su boca, una inocencia y confianza absolutas, que pareció abrirle la puerta allí a donde fue.
Es lo más cercano que haya visto a un Antony Queen interpretando al célebre Zorba el griego, de la novela homónima de Niko Kazantzakis. Ted Carrasco perteneció a una generación que sintió muy fuertemente las vibraciones dejadas por la Guerra del Chaco y fue testigo de la Revolución del 52, escuchó con curiosidad el desenlace de la revolución cubana a fines de los 50´s y se fue de Bolivia junto a su hermano mayor Jorge para encontrar otro entorno más amigable a la vocación de artistas que tenían ambos. Su primer destino fue Venezuela, donde vivió alrededor de dos años. Luego se fue ya por su cuenta en barco rumbo a Amsterdam, trabajando como marinero para conocer Europa. Siempre jugaron un rol clave en su vida el desapego y la escucha a las voces de los amigos, que le hicieron ver más allá de donde él se proyectaba inicialmente. Llegó a los Países Bajos sin hablar nada más que español y una base del aymara, sin maleta propiamente ni contactos en la ciudad. Llegó a instalarse en la zona roja de Amsterdam hasta orientarse mejor; otra época vivió en un monasterio de franciscanos donde pudo hallar un techo; más adelante en su vida, se convirtió en devoto practicante de la Meditación Trascendental por enseñanza directa del gurú indio Maharishi Mahesh Yogi; vivió en una montaña en Los Pirineos en Francia donde se compró una casa, y quedó atrapado ahí dos semanas por una intensa nevada a la que supo sobrevivir; construyó una casa en La Paz, en Cota Cota, para su padre, en la que ahora se conoce como la “calle del escultor”. En su devenir encontró varias veces el amor de una mujer, en distintos países; citaremos dos: su primer gran amor fue la sueca Ula, con quien tuvieron un hijo, lo llamaron Makuri; tiempo después de divorciarse y seguir viajando, conoció a Francine Secretán, que también se convirtió en escultora y meditadora, y fue su compañera durante más de veinte y cinco años que pasaron mayormente en Bolivia, con ella tuvieron dos hijos: Amaru y Naraya. En 1999 se separaron y él eligió otra vez salir de Bolivia, emprendiendo nuevamente la empresa de vivir, saliendo hacia México y después recaería en Francia, donde tenía comprada una casa.
¿Cómo hacía sus esculturas Ted Carrasco? Ganó una prestigio y reconocimiento en Europa, que se extendió desde Amsterdam hasta los países nórdicos como fuego en pastizales. Pero como dijimos, él ni siquiera había estudiado propiamente escultura en Bolivia. Su sobrino Uri se lo pregunta, y Ted responde escuetamente: “Sí, ya había practicado un poco en Bolivia, aunque no realizaba propiamente escultura, instintivamente conocía”. Ante la respuesta algo vaga, Uri intenta encontrar algún detalle más, le pregunta qué temática eligió para su primera exposición. Ted responde:
“No tenía una temática fija, porque cuando hago una escultura, veo la piedra, veo el material y de acuerdo a lo que me da el material reflexiono… si tiene una forma, si es largo o ancho o grueso…. y de acuerdo a ello es como si conversara con la piedra, un dialogo con la piedra, entonces es ella, la piedra que me dice, hazme así, y yo digo de acuerdo, y así vamos dialogando y empiezo a tallar y tallar… Lo que más tiempo me ha tomado siempre fue pulir”.

Pero no hay un egoísmo ni deseo de hacerse al peine, simplemente que los maestros en el arte suelen dar a veces la impresión de ser inexactos y redundantes cuando se refieren a sus métodos y procedimientos, puesto que su lenguaje más sincero se halla en la acción. Lo que ellos aprenden es algo que no se puede comunicar –tal como en las artes marciales– sólo se puede transmitir, y el gran recinto de transmisión es el taller de trabajo. Se talla la obra tal como se la camina a la vida, no hay forma de imitar eso.
Ted siguió recorriendo el mundo en su segunda etapa fuera de Bolivia gracias a los simposios, a los que le encantaba asistir. Amaru cuenta que bastaba con que le cubran los pasajes y la estadía, con tal de tener la oportunidad de trabajar una escultura él iba a todos los destinos donde lo invitaban, y así se fueron quedando sus esculturas en diversos espacios públicos, en Argentina, México, pero más allá en Corea del Sur, Bélgica, Países Bajos, Francia, Alemania, Dinamarca, Italia, Turquía y otros más. En cuanto a Bolivia, la más conocida de sus obras monumentales es la “Cabeza de Zepita” (creada en 1989), un colosal rostro tallado en piedra en homenaje al Mariscal Andrés de Santa Cruz; originalmente formaba parte de un gran complejo escultórico (Atalaya) en la céntrica Plaza de los Héroes / Plaza San Francisco, pero fue reubicada tras una remodelación urbana allá por el año 2010, hacia la Zona Sur de La Paz, específicamente en el barrio Amor de Dios (sector Aranjuez), muy cerca del ingreso al camino hacia Mallasa.
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