Ficha informativa
La comunidad de Peniel, en Bolivia, implementa un sistema de gestión de incendios forestales que combina tradición y ciencia. Este esfuerzo busca proteger su entorno tras sufrir devastadores incendios en años anteriores.
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Contexto:
Angélica Rivera, delegada comunal de gestión de riesgo desde hace dos años, mide variables meteorológicas para gestionar el riesgo de incendios. El ‘riesgómetro’ ayuda a determinar si se permite o no la quema. Emmanuel Weber Solís, con 16 años, representa el relevo generacional en esta labor.
La comunidad opera bajo un régimen colectivo y realiza prácticas conscientes de ‘chaqueo’. La defensa del territorio es interconectada; se solicita apoyo a comunidades vecinas si es necesario. El programa incluye prevención, preparación y respuesta ante incendios.
Por qué importa:
El sistema ha permitido reducir notablemente los incendios cercanos a la comunidad. La intervención de FAN entrega semillas y herramientas para reactivar la producción agrícola tras un incendio.
Datos clave:
- 60 % del territorio arrasado por incendios en 2019.
- 2024: año en que el fuego volvió a amenazar a la comunidad.
- 320 hectáreas totales de la comunidad, de las cuales solo 80 se utilizan para producción agrícola.
- 2011: año en que la comunidad adoptó un régimen de propiedad colectiva.
La gestión del riesgo de incendios en Peniel
Cada mañana, antes de que el sol termine de calentar la tierra del bosque seco chiquitano, Angélica Rivera camina hacia una pequeña estación meteorológica que ella y sus vecinos han construido. Mide la humedad del aire, toma la temperatura y cuenta los días que han pasado desde la última lluvia. Luego, avanza hacia la entrada del pueblo y mueve la aguja del “riesgómetro”. Este dispositivo, que utiliza cinco colores para medir el nivel de riesgo de incendios forestales, es crucial para la comunidad de Peniel, ubicada en el municipio de Roboré, en el departamento de Santa Cruz.
Angélica Rivera, a sus 30 años, ejerce como delegada comunal de gestión de riesgo desde hace dos años. Su labor diaria depende de la soberanía de una comunidad que ha aprendido a usar la ciencia para no quedar reducida a cenizas. De los datos que recolecta nace el calendario comunal de quema, donde ella misma va casa por casa preguntando a los vecinos sobre sus planes de quema. Si un comunario planea prender fuego en su parcela en octubre, la fecha exacta se plasma en el registro.
Al llegar el día elegido, Rivera consulta la tabla. Si la aguja marca el color verde oscuro o verde claro (riesgo bajo o medio), el fuego se autoriza con el acompañamiento de bomberos voluntarios. Sin embargo, si el tablero se tiñe de naranja o rojo (riesgo muy alto o extremo), la orden de no quemar es inapelable. “Si sale riesgo muy alto o extremo, está prohibido encender hasta un fósforo”, afirmó Rivera.

Impacto de los incendios forestales
La historia de este rincón boliviano cambió por completo después de 2019, cuando los incendios arrasaron más del 60% del territorio que las familias han usado por generaciones. En 2024, el fuego volvió a cercar a la comunidad con ferocidad, dejando a Angélica y a su hijo bajo un cielo asfixiante. Este evento inspiró a Rivera a convertirse en bombera voluntaria para proteger el ecosistema del que depende su vida.
La voz de la memoria en este suelo le pertenece a hombres como Celso Rivera, uno de los fundadores de Peniel. Este hombre de la tierra decidió establecerse en lo que entonces era una selva virgen y ha sido testigo del cambio drástico en su entorno. El incendio forestal de 2019 fue lo más destructivo que se ha vivido en Peniel; avanzó con una furia indomable y levantó una columna de humo tan inmensa que la comunidad quedó sumida en una oscuridad absoluta. Algunas familias fueron evacuadas mientras los animales silvestres y el ganado morían atrapados por las llamas.
Iniciativas para prevenir incendios
Richard Rivas, coordinador de enlace en la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), conoce bien la geografía del peligro en esta región. La importancia estratégica de Peniel desborda sus límites geográficos; su ubicación la convierte en un punto crítico de alto riesgo y una barrera humana. A través del Sistema de Alertas Tempranas Comunitarias de Manejo de Fuego, impulsado por FAN y respaldado por aliados como el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) Bolivia y la Unión Europea, Peniel ha logrado reducir notablemente los incendios cercanos a la comunidad informó Mongabay Latam.

El monitoreo matutino permite gestionar mejor los recursos y medir el riesgo a diario. Este sistema local anticipa y comunica las condiciones de peligro mediante el monitoreo preciso de las variables meteorológicas.
El relevo generacional en Peniel
El esfuerzo no solo descansa sobre los adultos; las nuevas generaciones también están asumiendo el mando. Emmanuel Weber Solís, con apenas 16 años, es un ejemplo de este relevo generacional. Con herramientas técnicas como el anemómetro “Kestrel”, Solís ayuda a ajustar la aguja del tablero según el índice de riesgo del Tablero de Riesgo de Incendio Forestal.
Prácticas agrícolas sostenibles
La comunidad opera bajo un régimen de propiedad colectiva desde 2011 y solo cuenta con 80 de sus 320 hectáreas para la producción agrícola. La práctica del “chaqueo” se realiza conscientemente y planificada para habilitar parcelas reducidas. El programa contempla tres etapas: prevención, preparación y respuesta.
Sin embargo, hay una fase posterior fundamental: el apoyo a la restitución de los medios de vida. Cuando el fuego asedia la zona, FAN interviene entregando semillas y herramientas esenciales para reactivar la producción agrícola. Entre la serenidad de los ancianos que abrieron el monte a fuerza de machete y la firmeza de una juventud que aprende a leer el viento, este pequeño rincón chiquitano se ha convertido en un escudo indispensable para la conservación de la región.
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