Ficha informativa
La crisis de la Asamblea Legislativa en Bolivia requiere una reforma electoral que garantice transparencia y representación efectiva. La situación actual se caracteriza por la opacidad en la aprobación de leyes y la falta de fiscalización, lo que demanda un cambio estructural en el sistema de elección parlamentaria.
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Contexto:
La Asamblea Legislativa ha enfrentado controversias recientes, incluyendo la suspensión del Fiscal General por delitos penales. Ex diputados han señalado tráfico de influencias y compra de votos. La crisis no es nueva y se relaciona con la debacle del sistema de partidos y la personalización de la política.
Es necesario ajustar los mecanismos institucionales para mejorar la selección y rendición de cuentas. Se propone eliminar los escaños plurinominales y realizar elecciones separadas para asambleístas, lo que podría aumentar la legitimidad electoral y hacer más visible su responsabilidad ante los ciudadanos.
Por qué importa:
La falta de transparencia y calidad en el Legislativo afecta directamente a los ciudadanos, generando desconfianza en las instituciones. Una reforma electoral podría mejorar la representación y responsabilidad de los parlamentarios, fortaleciendo así la democracia en el país.
Datos clave:
- Fecha de publicación: 27 de octubre de 2026
- Porcentaje de votos para la elección del Fiscal General: más de dos tercios
- Número de diputados disidentes: varios
- Número de senadores encarcelados: uno
En las últimas semanas, la Asamblea Legislativa ha vuelto a ser el centro de controversias por cuestiones que no se relacionan precisamente con la promulgación de leyes o la fiscalización. La suspensión del Fiscal General, tras su detención por presuntos delitos penales, generó una serie de dudas sobre su elección en 2024 con más de dos tercios de votos de los asambleístas. Declaraciones oficiales y acusaciones de ex diputados sugieren el tráfico de influencias y la compra de votos en esa elección.
Paralelamente, y ante la renovación de las directivas parlamentarias, una de las Alianzas con mayor número de representantes, ha develado públicamente la ruptura de su bancada con varios diputados disidentes que ya no responden a las estructuras partidarias con las que fueron elegidos. Por su parte, la sesión de la semana pasada de la Cámara de Diputados fue convocada para tratar la ley del Día Nacional del Charquekan y de la Chicha y el Chicharrón, y la declaración como patrimonio cultural del pan marraqueta y la ratafía. Finalmente, hace algunos días, un senador suplente fue encarcelado por acusaciones de terrorismo e instigación a delinquir.
Estos hechos muestran un escenario de innegable degradación del primer poder del Estado, cuyos síntomas principales son la opacidad en la aprobación de leyes, agendas legislativas divorciadas de las necesidades del país e incapacidad de fiscalización, como resultado de la escasa formación técnica y la pobre calidad política y ética de muchos representantes nacionales.
Sin embargo, la crisis de la Asamblea Legislativa no es reciente y no puede atribuirse exclusivamente a los parlamentarios. Intervienen otros factores, como la debacle del sistema de partidos, la personalización de la política, la ineficacia de las normas y las instituciones de control, la ausencia de un sistema de rendición de cuentas y, sobre todo las formas discrecionales de selección de candidatos.
En los procesos electorales actuales, la atención pública se concentra en los candidatos a la Presidencia, mientras que las listas parlamentarias se conviertan en un componente secundario de la decisión ciudadana. Si a esto sumamos que las organizaciones no cuentan con procedimientos transparentes, competitivos y verificables para escoger a sus postulantes, tenemos como resultado una representación que no reúne las condiciones mínimas de idoneidad y capacidad que se requieren.
El problema es estructural y no puede solucionarse pidiendo mayor responsabilidad individual a los parlamentarios o esperando que los propios partidos corrijan sus prácticas. Es necesario ajustar los mecanismos institucionales que determinan quiénes llegan al Legislativo, ante quiénes responden, cómo se relacionan con sus electores y qué mecanismos existen para exigirles cuentas.
Quizá haya llegado el momento de una transformación de fondo del sistema de elección parlamentaria, que podría incluir la eliminación completa de los escaños plurinominales y la elección de los asambleístas en una fecha distinta de la presidencial. Esto no supone desechar la participación de partidos políticos como medios de postulación, sino establecer mecanismos para que el elector identifique mejor a sus candidatos, sin renunciar a la cantidad de parlamentarios ni a las garantías de representación constitucional.
El modelo no es nuevo. Hay países que tienen comicios parlamentarios de mitad de mandato y otros que renuevan sus Asambleas en ciclos distintos de la Presidencia, lo que otorga una legitimidad electoral más específica a los parlamentarios y hace más visible su responsabilidad, además de reconocer la importancia de los Congresos como representación directa, plural y democrática de los intereses ciudadanos.
Cuando existe una circunscripción claramente identificable, una candidatura individual visible y una elección separada, los ciudadanos tienen la oportunidad de elegir representantes más probos y capaces. Aunque es importante precisar que para que el cambio produzca resultados, deben existir reglas de selección de candidaturas, acceso a información, transparencia y rendición de cuentas que lo hagan posible.
En Bolivia, donde la capacidad de construir acuerdos entre fuerzas políticas es un factor central para la gobernabilidad, la separación de elecciones exigiría fortalecer los mecanismos de negociación y coordinación. La elección legislativa separada y uninominal puede ser una oportunidad para vincular la legitimidad electoral y la legitimidad por desempeño a través de una reforma institucional que debería procurar ambas.
Bolivia necesita una Asamblea Legislativa de calidad, que represente mejor a los ciudadanos, responda por sus decisiones y esté a la altura de sus responsabilidades. Para conseguirlo, no basta con cambiar las reglas electorales: hay que transformar los mecanismos de selección, transparencia y rendición de cuentas. La democracia no termina en las urnas; comienza también la responsabilidad de quienes reciben el mandato ciudadano.
* Ronald Nostas Ardaya
Industrial y ex Presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia
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