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Desarmando Disectario de Matías Paradela

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La exposición ‘Disectario’ de Matías Paradela revela nuevas posibilidades del óleo en un contexto de escasez. Por Jorge Luna Ortuño

Ficha informativa

Matías Paradela, artista plástico argentino-boliviano, presenta su exposición Disectario en el Museo Nacional de Arte de La Paz. La muestra, que estuvo vigente hasta el 17 de junio de 2026, refleja una etapa de exploración y descomposición en su obra.

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Contexto:

Paradela se graduó en Bellas Artes en La Plata, Argentina. Migró a Bolivia donde desarrolló su carrera artística. Ha trabajado con un equipo consolidado para la realización de Disectario. Su esposa Yashira Jordán desempeña roles clave en sus exposiciones. Paradela proviene del mundo musical y ha aplicado esos aprendizajes a su carrera pictórica.

Paradela enfatiza la importancia del color y la escasez del óleo en su trabajo. La curaduría fue realizada por Paige Haran, quien llegó a La Paz durante los conflictos sociales. Paradela considera que la pintura es un medio para seguir creando y no busca pretensiones en su trabajo.

Por qué importa:

La exposición se realizó en medio de una crisis política y social en Bolivia, lo que complicó el montaje debido a protestas y paros. Paradela busca expandir su obra hacia mercados internacionales como México y Estados Unidos, enfrentando los desafíos del pequeño mercado boliviano.

Datos clave:

  • Año de inicio en Bolivia: 2013
  • Periodo de reconocimiento: 2018-2025
  • Fecha de inauguración de Disectario: 27 de mayo de 2026
  • Fecha de cierre de la exposición: 17 de junio de 2026
  • Número de cuadros inicialmente elegidos: 12
  • Número final de cuadros expuestos: 35
Desarmando Disectario de Matías Paradela
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Sobre una exposición atípica que se escapa de lo convencional, en un espacio monumental de la historia del arte boliviano.

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El año 2013, un joven inquieto graduado de Bellas Artes en La Plata, Argentina, migró a Bolivia para comenzar todo de nuevo. Fue en esta tierra donde abrió sus alas como artista plástico, formó una familia y encontró cómplices como Keiko Gonzáles; en suma, aquí terminó de madurar, afirma él mismo. También desarrolló una sensibilidad peculiar, la de alguien que afina su percepción en un entorno que no le es del todo familiar, “soy un poco bicho raro, en el sentido de que aparecí de la nada en otro contexto”. Su nombre es Matías Paradela, alias The Kid Grande, y entre 2018-2025 ha posicionado una de las iconografías más reconocibles del arte boliviano reciente, haciendo de sus coloridas garrafas aplanadas de GLP una marca registrada.

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Del periodo que atraviesa actualmente –digamos provisionalmente el periodo postgarrafa– podría decirse que inició el año 2024 con la exposición No culpes a la noche (Kiosko Galería), y ha continuado con su más reciente exposición Disectario (Museo Nacional de Arte, La Paz), que estuvo vigente hasta el pasado 17 de junio. Es una etapa en la que los objetos comienzan a descomponerse y la pintura adquiere mayor autonomía formal. Son obras, pintadas específicamente para la exposición en el MNA, donde el artista quisiera hacer sentir la cualidad escultórica de la pintura, la cercanía táctil.

En esta serie Disectario, Paradela enfatiza la exploración de las posibilidades materiales del óleo, en una época de escasez de óleo en Bolivia. Él mismo tocó el tema en una amena entrevista que le hizo el periodista Jimy Vásquez en Radio París France (lunes 25 de mayo), donde se expresó así:

“El tema del color es potente, con esto de la escasez del óleo, porque tenés que lidiar con los colores que quedan –los más odiados entre todos los pintores– son los que nadie compró, entonces ¿qué haces con eso?, ¿cómo los combinás?, ¿cómo jugás con eso?, y a su vez ¿cómo le das un sentido e impacto a esos colores? Siento que en esta exposición tuve que quebrar los colores también, mezclando puestos, cancelándolos, haciendo grises cromáticos, y he descubierto que el color es muy potente cuando está rodeado de cierta oscuridad, de cierto gris. Si tú usas todos los colores al mismo tiempo, tienes un impacto inicial, pero luego tu ojo se cansa. En cambio si pones al color, lo aíslas, o lo pones en una situación de cierta soledad, tiene más potencia, como un acento.” (Paradela, 2026).

La organización

Conviene traer a colación dos cuestiones más para a una aproximación a esta exposición: una que, en cierto momento, Matías Paradela fue profesor de morfología en diseño industrial; él valora cómo el diseño te enseña que detrás de cada objeto hay una idea, una persona…, “y hay toda una cultura que atraviesa ese objeto, más que materia, los objetos son testigos de nuestras vidas también”. (Paradela, 2026). La otra cuestión, más crucial en este apartado, es que nuestro artista proviene del mundo de la música, en lo que era su anterior vida en Argentina:

“hacía tapas de discos y afiches para bandas en La Plata. Entonces, viví el detrás de escena, también una banda requiere tener más organización que un pintor. Hay mucha comunicación en los bares, los teatros, hay que mover gente, convocar, organizar, ¿viste? ¿Quién va a llevar el alcohol, cómo se va a vender, las entradas, quién va a estar ahí? Así que me nutrí un montón de ese ámbito. Y en La Plata, sobre todo, hay una mística que se siente, ¿viste? Los Redondos, Virus… alguien podría ser el próximo Lucas Prodan.”

Paradela habla de aquella época como una enseñanza para saber confiar en otros a la hora de incluirlos en fases de un proyecto propio. Él mismo en cuanto a su vida de pintor ha ido tomando elementos de una banda de rock. Trabaja con un equipo que se terminó de consolidar para la realización de Disectario, la apuesta más ambiciosa del artista en términos de despliegue de obra, de propuesta museográfica, de peso simbólico institucional de la sala, etc.

En este caso, puede ser didáctico distinguir a Matías Paradela, la persona que ha ido deviniendo un personaje, del proyecto artístico comercial que existe en torno a su producción pictórica, al que podríamos llamar “The Kid Grande”, la marca. Y en torno a este proyecto se ve que supo rodearse de una constelación de interesantes profesionales, con una visión de mover su obra en otros mercados, como México y Estados Unidos.

Después de todo, no hubiera podido cualquier artista, entusiasta y sueltito, lograr sacar adelante una exposición en el Patio de Cristal del Museo Nacional de Arte, un 27 de mayo del año en curso, en medio de la mayor crisis política del actual gobierno, puesto en jaque por una ola de protestas sociales y actos delictivos entremezclados, que forzaron una situación poco transitable en la zona del museo, la famosa Plaza Murillo, que paraba acordonada por la policía. Imagínense un montaje cuando la ciudad estaba cada vez más congelada en su movimiento, con un paro de transporte que se anunció para la misma semana de la inauguración.

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Matías habla con mucha gratitud de la labor de su esposa, Yashira Jordán, que desempeña roles de producción ejecutiva y audiovisual en sus exposiciones, además de ser ella directora y guionista de cine boliviano. Habla del aprendizaje intenso que representa en términos de organización y de saber comunicar a un equipo. Y no deja de mencionar a Juan Pablo Cossan, desde México, a quien considera la mente maestra de Disectario en cuanto evento, por haber sido el que juntó las piezas, lo cuenta así:

Juan Pablo ha sido el director técnico del equipo. Él convocó a los jugadores, hizo toda la comunicación, la línea de producción, los deadlines, que es algo bien abstracto, es como una mente muy particular, ¿viste? Me hacía preguntas, así como: “¿Cuántos tubos de pintura usas?” ¿cuánto tiempo te llevó hacer esto?“ Son preguntas que yo jamás me haría. Y lo baja a tierra, ¿viste? Es como, decís, bueno, ¿cuántos cuadros vas a hacer?” Y al principio elegí 12, terminaron siendo como 35 cuadros. Pero después lo filtramos, el bloqueo en las carreteras filtró unos 15 cuadros. Pero en definitiva está bueno tener esas cabezas bien distintas también.

En cuanto a la curaduría de la exposición, invitaron a Paige Haran –americana radicada en Hong Kong– que llegó a La Paz en medio de los conflictos y realizó un cuidadoso texto curatorial para la sala. Desde México llegó también la agente de arte de Paradela, Verónica Fernández, dinámica profesional con conexiones en Los Ángeles, California. Toda esta organización es algo poco usual en nuestro medio, por supuesto, pero Paradela sólo expresa su gratitud, y le baja un poco el perfil, no quiere que se vea como algo pretensioso. Es simplemente alguien muy consciente de que Bolivia tiene un mercado pequeño, y la participación de las galerías bolivianas en ferias internacionales no es amplia ni frecuente, de modo que ha encarado el asunto de la pintura de modo profesional, creando no sólo cuadros sino también alternativas. El asunto de Matías es la pintura, es decir, parafraseándolo, el objetivo de pintar es poder seguir pintando. (Paradela, 2024). Cabe mencionarse que este mismo año, ya tuvo su primera exposición individual en Ciudad de México, con la exposición “El camino del dodo”, en la Galería Campeche.

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El asunto de cómo avanzar

A nivel del cuerpo de obra de Paradela, percibo en Disectario algo de un recogimiento táctico del artista. Porque a veces se desarma la maquinaria para entender mejor cómo funciona un organismo, y encontrar nuevos modos de avanzar. En esta muestra invoca el desmembramiento, la observación forense de un cuerpo, pero sin pretender búsquedas metafísicas ni esencialistas. Paradela se mueve, a nivel filosófico, en un plano de la inmanencia. A nivel visual probablemente la serie Disectario no sea la más atractiva visualmente. Pero no creemos que haya evolución en las trayectorias del arte, solamente procedimientos creadores, y mi manera de ver Disectario es como un artificio creado por el artista para impulsarse a avanzar en su obra. Hay que resaltar cómo en esta serie, maneja los colores quebrados, los colores tierras y tonos de arcilla, pero el montaje le permite dar paso a su gusto por los neones, la iluminación más fuerte.

No hay nada que solemnizar en torno a Disectario, porque si hay algo que se encuentra en su misma raíz es el juego. El artista camina en una transición, y echa mano de todas sus inspiraciones: el escarabajo del mexicano Damian Ortega, lecturas como La divina comedia de Dante, los dibujos de Melchor María Mercado, o los videos de John Berger Ways of seeing (1972), entre otros. Una muestra que vino siendo pensada desde hace dos años, y que se ve afectada también por la sensación de inestabilidad, que es el hilo de continuidad en la reciente memoria del país.

Jorge Luna Ortuño

* Jorge Luna Ortuño
Investigador gestor y curador

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¿Por qué es importante la exposición Disectario en la carrera de Matías Paradela?

  • Porque es su primera exposición en el extranjero
  • Porque representa un avance en su técnica y propuesta artística
  • Porque se realizó en un espacio pequeño y poco conocido
  • Porque fue organizada sin la ayuda de otros profesionales
©2026 Editorial La Patria Ltda.
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