Ficha informativa
Las elecciones en Oruro revelan una crisis de gobernabilidad y un desinterés alarmante del electorado, con un balotaje entre Jacha-Jakisa y Alianza Patria Oruro el 19 de abril. La fragmentación del voto y la falta de propuestas claras marcan el panorama político.
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Contexto:
Los candidatos utilizaron métodos anacrónicos en su campaña electoral, ignorando la influencia de las redes sociales. La fragmentación del voto se ha intensificado con una proliferación excesiva de candidatos. El ‘voto castigo’ se evidenció en el desplome del MAS en Oruro.
Oruro enfrenta una postración económica y social que requiere mejoras urgentes en salud, educación y vialidad. Se destaca el potencial en minería, agropecuaria y cultura como motores para diversificación económica.
Por qué importa:
La fragmentación extrema del Concejo Municipal amenaza con generar ingobernabilidad. El nuevo gobernador enfrentará un presupuesto central exiguo y una estructura política dispersa, lo que podría llevar al estancamiento a menos que logre forjar alianzas efectivas.
Datos clave:
- Fecha de la segunda vuelta: 19 de abril
- Porcentaje de votos nulos y blancos: 23.43%
- Votos de Jonny Vedia (A-UPP): 19,117 (7.84%)
- Votos de Adhemar Willacarni (LEAL): 10,806 (6.01%)
- Votos de Jach’a Jaliska Sol Fesoc: 37,508 (20.86%)
- Votos de Marcelo Cortez (Somos Oruro): 14,649 (8.15%)
- Votos de Edgar Bazán Ortega: 8,564 (4.76%)
- Votos de Iván Quispe (NGP): 51,186 (28.46%)
Por: Ricardo Rocha Guzmán*
Las recientes elecciones en Oruro han dejado al descubierto una alarmante falta de compromiso y empatía con las necesidades estructurales de nuestra comunidad. Durante toda la campaña de las elecciones subnacionales, los candidatos recurrieron a la vieja retórica de ofrecer “el cielo, mar y la tierra”, pero presentaron propuestas carentes de claridad sobre el desarrollo estratégico del departamento, peor aún el desarrollo humano. Muchos buscaron el voto popular mediante métodos anacrónicos: la apertura de casas de campaña y la saturación de las calles con panfletos y papelería que, lejos de persuadir, terminaron ensuciando la ciudad sin generar incidencia real en el electorado.
La propaganda política se concentró en medios tradicionales como radio y televisión, ignorando que el contexto actual ha emigrado hacia una “nueva normalidad” digital. Nunca comprendieron que hoy, la influencia reside en redes sociales como Facebook e Instagram, y muy especialmente en TikTok, plataforma que se ha consolidado como la más persuasiva del entorno global. En este escenario, los candidatos creyeron erróneamente que su imagen bastaba para conquistar el voto, olvidando que muchos arrastran un pasado político cuya credibilidad es inexistente ante los ojos de la ciudadanía.
CANDIDATURAS BAJO LA LUPA Sin duda, estos comicios se caracterizaron por una proliferación excesiva de candidatos para el tamaño de nuestro padrón electoral. Analistas coinciden en que esta fragmentación dispersó el voto, provocando que los porcentajes de apoyo para cada aspirante disminuyeran significativamente. No obstante, resulta imperativo analizar el perfil de los candidatos y las cifras que les permitieron alcanzar sus actuales posiciones en estos comicios subnacionales.
El caso de la agrupación Jacha-Jakisa con su candidato Edgar Sánchez apareció como preferido en estas justas, aunque no pudo superar el 40 % como establece la ley electoral. A pesar de la amplia diferencia entre el primer y segundo lugar, el resultado no cumple con los parámetros legales para una victoria directa, por lo que la elección de gobernador en Oruro se definirá este 19 de abril en la segunda vuelta.
A propósito de este candidato, intentó presentarse como una figura ajena a la política convencional; en la última temporada apareció en los medios como analista político. Empero ya en el proceso de la campaña, la memoria colectiva le recordó de sus 14 años de estrecha vinculación con el Movimiento al Socialismo (MAS). Sus funciones como diputado, director del FPS y anterior candidato a gobernador por dicho partido, antecedentes suficientes que contradicen su pretendida independencia. Sin embargo, hoy los resultados conducen a un balotaje entre Jacha-Jakisa-Sol-Fesorc (35.28%) y Alianza Patria Oruro (11.05%).
El escenario electoral en Oruro se encamina a una segunda vuelta entre Jacha-Jakisa y Alianza Patria Oruro. Oscar Chambi, surge como una supuesta figura llamativa: un economista de 40 años que se define como un ‘outsider’ motivado por el estancamiento regional. Sin embargo, su estrategia genera contradicciones; mientras promete políticas distintas a las del MAS y un enfoque en las necesidades reales, su cercanía con líderes como Rodrigo Paz y su discurso de ‘coordinación con el Gobierno Central’ sugieren una ambigüedad entre ser una alternativa renovadora o un aliado estratégico del oficialismo.
En ese contexto, el balotaje para la Gobernación refleja otra crisis: el desinterés. Que la suma de votos blancos y nulos alcance un alarmante 23,43% significa que casi un cuarto de la población no encontró una propuesta digna de confianza. Quien asuma el mando lo hará con una legitimidad cuestionada y la urgencia de sacar a Oruro de su rol de “patio trasero” de La Paz, principalmente.
¿VOTOCASTIGO?
El que hoy funge como gobernador Jonny Vedia en estas últimas elecciones fue candidato por Alianza Unidos por los Pueblos (A-UPP), esta alianza con 19.117 votos solo alcanzó al 7,84%. El candidato a la Alcaldía también actual alcalde del cercado Adhemar Willacarni, fue del brazo de la Agrupación Ciudadana Lucha Estratégica de Acción Local (LEAL) con 10.806 votos, solo alcanzó el 6,01%. El desplome del Movimiento al Socialismo (MAS) en lo que solía ser uno de sus bastiones más fieles es el dato más contundente.
El “voto castigo” contra la gestión de Ademar Wilcarani y la figura de Vedia no fue casualidad; es la respuesta de una ciudadanía agotada de promesas que nunca aterrizaron en el bolsillo del orureño de a pie, y peor sin resultados en el desarrollo de Oruro.
Pero también hubo otros candidatos perdedores al municipio. Marcelo Medina enfrentó otra derrota consecutiva en la carrera por la silla municipal. La alianza Jach’a Jaliska Sol Fesoc alcanzó con 37.508 votantes, el 20.86%, confirmando que el electorado orureño ha cerrado las puertas a su proyecto político.
Marcelo Cortez de Somos Oruro obtuvo el 8.15% con 14.649 votos, cuya propuesta centrada en la regularización del derecho propietario, una oferta cuestionable dado que dicha instancia compete directamente a Derechos Reales. Además, su candidatura, presuntamente impulsada por su paso por Coteor y apoyada por el vicepresidente Edman Lara, generó fuertes críticas en redes sociales.
Mención aparte merece al gran perdedor, Edgar Bazán Ortega con 8.564, solo alcanzó el 4.76%. Empero su inhabilitación mediante Resolución SP-TED-001/2026, sumada a las sombras de corrupción de gestiones pasadas (como el caso “Mochilas”), terminó por enterrar sus aspiraciones políticas, cerrando un ciclo de la política tradicional orureña.
ALCALDÍA Y GOBERNACIÓN: ELRIESGO DE LA INGOBERNABILIDAD
El conteo oficial posicionó a Iván Quispe (NGP) en el primer lugar con 51.186 votos, 28.46%, personaje que perteneció a las filas de SOL-Oruro; su ascenso se debió, en gran medida, a la constante labor de fiscalización como concejal, donde denunció supuestas irregularidades del anterior gobierno municipal a través de redes sociales; TikTok principalmente, logrando conectar con una ciudadanía que busca renovación. En su campaña ofreció auditorías a la gestión del anterior alcalde, amén de otros ofrecimientos para mejorar la infraestructura de la ciudad.
En ese contexto, el panorama de gobernabilidad es crítico. Con estos resultados, el Concejo Municipal estará compuesto por 11 representantes de una diversidad de fuerzas políticas (NGP: 3, JACHA: 3, SOMOS: 2, LIBRE: 1, PATRIA: 1, MCSFA: 1). Esta fragmentación extrema amenaza con hacer del Concejo una instancia ingobernable, obligando a la nueva autoridad a tejer alianzas pragmáticas para garantizar la gestión.
Para el caso de la Gobernación, el vencedor del balotaje no solo asumirá el mando departamental, sino también una herencia de abandono y una estructura política fragmentada. Es innegable que Oruro sobrevive con un presupuesto central exiguo, casi ofensivo, que asfixia las aspiraciones de desarrollo de una región históricamente postergada. Ante esta precariedad de recursos, la gobernabilidad se vuelve un campo de batalla crítico: con una Asamblea Legislativa dispersa y sin mayorías, el nuevo gobernador estará condenado al estancamiento a menos que logre forjar alianzas de acero.
Sin embargo, el departamento ya no tolera pactos de prebenda; la crisis exige que los asambleístas depongan sus colores partidarios y el sectarismo ciego. Solo con la “camiseta de Oruro” bien puesta y un discurso de unidad frente al centralismo, podrán garantizar una gestión que realmente responda al clamor de su pueblo.
NECESARIA REFLEXIÓN
Este análisis debe servir para una profunda reflexión ciudadana. La victoria en el municipio con un porcentaje de votación tan reducido exige que la nueva autoridad piense en todos los orureños, más allá de sus promesas de campaña. Oruro padece una postración económica y social que requiere mejoras urgentes en salud, educación y vialidad. El Carnaval, eje de la economía naranja, debe dejar de ser un evento aislado para convertirse en un motor de diversificación económica. Necesitamos una visión de ciudad.
Oruro posee un potencial envidiable en minería, agropecuaria y cultura. El desafío para el caso de la gobernación es claro: o se gestiona para sacar al departamento de su postración, o estas elecciones solo habrán sido un cambio de nombres para los mismos problemas de siempre.
Finalmente, el ciudadano ya no quiere discursos; quiere calles transitables, salud digna, educación y reactivación económica global, “platita en el bolsillo”. Las urnas han hablado: el tiempo de los caudillos ha pasado. Ahora comienza el tiempo de los gestores; o del contrario, la postración de Oruro será la factura que la historia le cobre a esta nueva y frágil administración.
*Ricardo Rocha Guzmán es: Comunicador Visual y Social, Magíster en Comunicación Intercultural como aporte al Desarrollo, Periodista, Artista Plástico, Músico, Gestor Cultural, Catedrático y Conferencista Internacional.
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