Ficha informativa
Las obras públicas en Bolivia enfrentan serios problemas de calidad, con materiales deficientes y sobreprecios que ponen en riesgo la seguridad. Se requiere auditorías independientes y materiales certificados para garantizar la durabilidad y seguridad de las construcciones.
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Contexto:
Las obras tradicionales de adobe han demostrado mayor durabilidad que algunas construcciones modernas. La falta de control en la construcción ha llevado a errores técnicos y corrupción. La prisa política afecta la seguridad estructural.
Es fundamental implementar auditorías independientes, laboratorios acreditados y contratos transparentes para asegurar la trazabilidad de los procesos constructivos.
Por qué importa:
La mala calidad en las obras pone en riesgo vidas y hogares. Se roba dinero al Estado y se pierde confianza pública. La negligencia acumulada puede llevar a tragedias anunciadas.
Datos clave:
- Obras “mírame y no me toques”
- Problemas: desprendimiento de vidrios, techos voladores, grietas, fallas en drenajes.
- Requisitos para una obra segura: estudios geotécnicos, cálculos estructurales, materiales certificados, supervisión independiente.
- Riesgo cero no existe.
En algunos contextos del país, existen obras pensadas para la fotografía de inauguración y no para resistir el tiempo. Detrás de la pintura nueva se esconden sobreprecios, materiales deficientes y controles complacientes. Son obras “mírame y no me toques”: Bonitas desde lejos, frágiles cuando la realidad las prueba.
Algunas no resisten ni su inauguración. Se desprenden vidrios, vuelan techos, aparecen grietas y fallan drenajes. Entonces surge la pregunta: ¿Qué pasó con la ingeniería? Una obra segura exige estudios geotécnicos, cálculos estructurales, materiales certificados y supervisión independiente.
Muchos adobes de antaño, bien fabricados, permanecen en pie después de décadas; mientras algunas mezclas actuales de cemento con arenilla se desgranan con las primeras lluvias. La lección es clara: Una técnica tradicional bien ejecutada puede resistir más que una obra moderna construida con materiales adulterados.
El sobreprecio no garantiza calidad; muchas veces encubre su ausencia. Si una obra cuesta más y presenta fallas prematuras, existe una doble pérdida: Se roba dinero al Estado y se arriesgan vidas y hogares. El daño alcanza al estudiante bajo un techo inestable y al paciente de un hospital defectuoso.
No toda falla demuestra corrupción. Puede existir un error técnico. Pero cuando se copian estudios, se reducen especificaciones, se sustituyen materiales, se inflan planillas y se recibe una obra defectuosa, ya no existe equivocación inocente: Existe irresponsabilidad organizada.
Responden quienes diseñan sin estudiar, construyen sin respetar planos, supervisan sin observar y fiscalizan sin controlar. También responde la autoridad que acelera la entrega. La prisa política nunca puede imponerse sobre la seguridad estructural.
La gestión de riesgos debe acompañar todo el ciclo de la obra: Planificación, diseño, contratación, construcción, recepción y mantenimiento. Se deben identificar amenazas, evaluar su impacto, asignar responsables y establecer inspecciones, alertas y contingencias. El riesgo cero no existe, pero la negligencia no puede disfrazarse de fatalidad.
Bolivia necesita auditorías independientes, laboratorios acreditados, contratos transparentes y trazabilidad: Quién diseñó, calculó, supervisó, certificó y autorizó. Una tragedia anunciada no es un accidente: Es negligencia acumulada.
Las grietas terminan hablando. Y cuando hablan revelan que el país no solamente pierde recursos: Pierde confianza, seguridad y vidas. El desarrollo auténtico no se inaugura con discursos: Se demuestra con calidad, prevención, transparencia y responsabilidad.
* Post Ph. D. Alfredo Eduardo Mancilla Heredia
Doctor en Economía y Posdoctor en Formación de Investigadores. Director Regional Cbba. Contacto Económico Periodista acreditado APC – ANPB
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