Ficha informativa
La votación en el Consejo de Seguridad de la ONU marca un hito hacia la elección de una mujer como Secretaria General, con candidaturas latinoamericanas destacadas. La elección está programada para el último trimestre de 2026.
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Contexto:
La ONU ha promovido la igualdad de género y el liderazgo femenino durante décadas. Históricamente, el cargo ha sido ocupado solo por hombres. La discusión sobre género en este contexto ha cobrado relevancia debido al retroceso global en derechos de las mujeres y la violencia contra ellas.
La necesidad de reformas y transformación dentro de la ONU es urgente para adaptarse a un mundo cambiante desde 1945. La disposición política de los Estados miembros será clave para lograr resultados efectivos.
Por qué importa:
El próximo Secretario General enfrentará una crisis financiera sin precedentes en la ONU. Existe el riesgo del ‘glass cliff’, donde se espera que las mujeres lideren en momentos críticos, asumiendo responsabilidades sin el apoyo adecuado.
Datos clave:
- Fecha de elección final: último trimestre de 2026
- Candidatos actuales: siete
- Mujeres nominadas: cuatro
- Candidatas destacadas: Rebeca Grynspan (Costa Rica) y Carolyn Rodrigues Birkett (Guyana)
- Población mundial: ocho mil millones
Hace poco se llevó a cabo una pequeña pero importante votación en Naciones Unidas. Fue el primer sondeo en el Consejo de Seguridad sobre quién podría liderar la principal organización multilateral a partir de enero de 2027. La elección final está programada para el último trimestre del año. Será histórica. No sólo porque el proceso fue reformado. O por la alta probabilidad de que una candidatura latinoamericana gane la contienda. Sino también porque, por primera vez en las ocho décadas de existencia de Naciones Unidas, una mujer podría asumir el mando.
Actualmente hay siete candidatos para el puesto de Secretario General, trabajo del que se dice que es el más duro del mundo. Cuatro mujeres con amplia trayectoria fueron nominadas. Traen consigo experiencia tanto en la función pública de sus respectivos países como dentro del sistema de Naciones Unidas. En el mencionado primer sondeo, dos de ellas llevaron la delantera: Rebeca Grynspan, de Costa Rica, y Carolyn Rodrigues Birkett, de Guyana.
Desde siempre, la ONU ha instado a los Estados miembros a priorizar la igualdad de género y a promover el liderazgo femenino. Sin embargo, el máximo puesto dentro de la organización misma ha sido ocupado exclusivamente por hombres. Y ojo, no todos ellos fueron necesariamente figuras brillantes. Al contrario, a menudo fueron, sencillamente, el candidato sobre el que los Estados lograron ponerse de acuerdo.
La discusión sobre el género en este puesto no es nueva. Ya en procesos de selección pasados fue relevante. Pero quizás nunca haya sido tan significativa como hoy. Y es que el retroceso global de los derechos de las mujeres y la violencia contra ellas, tanto en el ámbito físico como en el digital, es un hecho. Lo evidencian estudios de la misma ONU. Desde el llamado apartheid de género en Afganistán hasta la misoginia digital, el mundo sigue siendo un lugar inseguro para las mujeres. Prueba de ello es también que una mujer al mando siga pareciendo audaz en pleno siglo XXI. Nos dice bastante sobre el sesgo de género que todavía existe, cuando en verdad las mujeres forman parte de todos los ámbitos de la sociedad. También tienen más y mejor acceso a educación que en siglos pasados. Así que resulta difícil sostener seriamente que, entre ocho mil millones de personas, no exista una sola mujer suficientemente competente para ocupar este cargo.
Pero existe también un riesgo. Y es que Naciones Unidas está bajo más presión que nunca y en una crisis financiera sin precedentes.
Hay el peligro de que a una mujer le toque asumir nada menos que en uno de los momentos más difíciles de la organización en décadas. Todos hemos escuchado del techo de cristal. Pero también existe lo que se conoce en inglés como el glass cliff, el acantilado de cristal. Se refiere a la tendencia a entregar el liderazgo a mujeres cuando una institución ya atraviesa una crisis profunda. Luego se las responsabiliza si no logran revertir problemas que heredaron y para cuya resolución tampoco recibieron suficiente apoyo.
Ese es precisamente el panorama que tendrá que enfrentar la próxima persona que lidere Naciones Unidas. La organización necesita reformas. Necesita transformación. Necesita evolución. Tiene que poder responder a un mundo y a relaciones de poder muy diferentes a las de 1945. Eso sólo será posible con suficiente apoyo político de los Estados miembros. La persona a cargo deberá poder liderar ese diálogo y buscar el consenso.
Por eso, la verdadera pregunta quizás no sea si el mundo está preparado para que una mujer lidere Naciones Unidas. A estas alturas, debería estarlo.
La pregunta es si los Estados miembros estarán dispuestos a convertir sus declaraciones de apoyo en una verdadera decisión política de reforma. Porque repetir las mismas fórmulas de siempre, difícilmente producirá resultados distintos.
* Gabriela Keseberg Dávalos
fue miembro del comité directivo de una campaña global por un proceso más justo, transparente e inclusivo en la elección del secretario/a general de la ONU en 2026.
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