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Electoras, votadas y no elegidas en Brasil

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Electoras, votadas y no elegidas en Brasil • Gemini
La importancia del voto femenino en Brasil se evidencia ante la ausencia de candidatas mujeres en la contienda electoral

Ficha informativa

Brasil se prepara para una elección presidencial en octubre de 2026, marcada por la ausencia de candidatas mujeres. A pesar de ser un electorado decisivo, las mujeres no competirán por la presidencia, lo que resalta la desigualdad en la representación política.

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Contexto:

Desde 2018, Brasil ha vivido elecciones polarizadas. En 2022, las mujeres votaron mayoritariamente por Lula ante el temor a Bolsonaro. Sin embargo, el sistema electoral y las prácticas partidarias han limitado la representación femenina. Las cuotas de género no garantizan visibilidad ni financiamiento adecuado para las candidatas.

Las elecciones del 2026 se desarrollarán en un contexto donde el presidente Lula enfrenta baja popularidad a pesar de indicadores económicos positivos. Jair Bolsonaro está inhabilitado y su hijo es candidato. La violencia política de género también aleja a muchas mujeres del proceso electoral.

Por qué importa:

La falta de candidatas mujeres perpetúa un sistema político desigual. A pesar de ser un electorado clave, las mujeres enfrentan barreras significativas para acceder al poder. Esto podría afectar la representación y las políticas públicas relacionadas con sus intereses.

Datos clave:

  • 24 de junio de 2026: Michelle Bolsonaro denuncia a su hijastro.
  • 135: Puesto de Brasil en el ranking de presencia femenina en parlamentos.
  • 13%: Porcentaje de municipios con alcaldesa.
  • 18%: Porcentaje de diputadas federales que son mujeres.
  • 30%: Porcentaje mínimo de mujeres que los partidos deben incluir en sus listas desde fines de los años noventa.
Electoras, votadas y no elegidas en Brasil
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En octubre Brasil vivirá una elección presidencial que se perfila como una de las más disputadas de su historia, tras dos comicios que ya dividieron al país, en 2018 y 2022. Lula, cuenta hoy con ventaja en las encuestas, sobre todo en las últimas semanas tras el más reciente escándalo de corrupción que salpicó al candidato de la familia Bolsonaro. Sin embargo, la campaña aún no está y a pesar de indicadores económicos muy positivos, el presidente Lula sigue enfrentando una baja popularidad. Jair Bolsonaro, el expresidente, está inhabilitado para competir y cumple arresto domiciliario; por lo que designó a su hijo como candidato. En medio de una disputa presidencial protagonizada exclusivamente por hombres, hay un actor político visiblemente ausente: por primera vez en veinte años, ninguna mujer disputará la presidencia.

Las mujeres son consideradas un electorado decisivo en estas elecciones. Conviene recordar que, el mismo día en que Brasil elija a su nuevo presidente, también se renovarán las cámaras de diputados/as estaduales y federales, se elegirán gobernadores/as y dos tercios del Senado.

Como en la mayoría de los países, las mujeres son mayoría en el electorado y, no por casualidad, en una disputa tan reñida sus votos son especialmente codiciados. Brasil, sin embargo, carga con una particularidad bastante vergonzosa: es el segundo peor país de América Latina en materia de representación política de las mujeres.

La importancia del voto femenino quedó especialmente en evidencia en las últimas elecciones presidenciales. En 2022, con la pandemia todavía fresca y el temor a que Bolsonaro continuara en el poder tras haber desalentado el uso y la producción de vacunas, las mujeres votaron mayoritariamente por Lula. Así lo sugieren la mayoría de las encuestas, que apuntan a una lectura pragmática vinculada con la protección de la salud. Lo que ya se sabe, en todo caso, es que las mujeres tienden a votar desde una perspectiva del cuidado, lo que incluye la preocupación por la calidad de la educación y la inflación de los alimentos.

Ahora, sin la pandemia como marco de urgencia y con un gobierno que no ha logrado entusiasmar plenamente a ese electorado, la disputa por el voto femenino vuelve a abrirse. En ambos lados existe una preocupación por conquistar ese voto que se refleja en los esfuerzos para endurecer las penas por feminicidio, una acción apoyada por ambos grupos políticos. Aunque son actos que llaman la atención, es curioso notar que, detrás de esas estrategias persiste una lectura bastante simplista: la de que las mujeres tienen preferencias políticas similares por el solo hecho de ser mujeres.

Sin embargo, si la disputa por el voto femenino ocupa buena parte del debate, en estas elecciones del 2026 mucho menos se discute, dentro de los grandes partidos, el lugar de las mujeres como representantes. Así quedó en evidencia el 24 de junio, cuando Michelle Bolsonaro, precandidata a algun puesto, publicó un video en el que denunciaba a su hijastro y compañero de partido, Flávio Bolsonaro.

Actualmente, Brasil ocupa el puesto 135 en el ranking de la Unión Interparlamentaria sobre presencia femenina en los parlamentos: la segunda peor marca entre los países latinoamericanos, superado únicamente por Belice. Solo el 13% de los municipios tiene una alcaldesa; 18% de las diputadas federales son mujeres (la mayoría de ellas blancas y de partidos de derecha) y en casi 20% de las ciudades brasileñas no hay una sola concejala. Treinta años después de la ley de cuotas de género, el porcentaje de mujeres electas sigue siendo escaso y los avances han llegado a paso de tortuga.

En gran medida, esto se debe al sistema electoral brasileño, combinado con prácticas partidarias profundamente masculinizadas, que operan como un filtro y reducen sistemáticamente las posibilidades de las candidatas antes de que el electorado llegue siquiera a ver sus nombres en la urna.

Las cuotas que obligan a los partidos a incluir al menos un 30% de mujeres en las listas existen desde fines de los años noventa. Sin embargo, en un sistema de lista abierta, garantizan solamente la candidatura, no que esta mujer tenga visibilidad. En un sistema como tal, donde cada candidata compite individualmente por hacerse conocer, el acceso al financiamiento resulta determinante. Y los recursos públicos de campaña siguen fluyendo de manera desproporcionada hacia los hombres, sobre todo hacia quienes ya ocupan cargos y controlan las estructuras partidarias.

Pero el problema va más allá. Como aumentar la presencia de mujeres implica necesariamente reducir el espacio de algunos hombres, lo que predomina es la preservación del status quo. A ello se suman las barreras informales. En una investigación reciente, publicada en la revista Electoral Studies y desarrollada junto a Thiago Fonseca y João Victor Guedes Neto, identificamos que, tras los cambios legales destinados a promover candidaturas de mujeres y de personas negras, los partidos incrementaron el número de candidatas, pero principalmente de aquellas con escasas posibilidades de ser electas, garantizando apenas que aportaran más votos a sus respectivas siglas.

Muchas veces, aun cuando existen mujeres dispuestas a competir, aquellas que podrían ser candidatas potencialmente competitivas no llegan a serlo porque el partido no las financia, no las apoya y no las proyecta. Y cuando el electorado no las conoce, simplemente no puede votarlas. A estas barreras se suma, además, la persistente violencia política de género, que en estas elecciones se ha vuelto visible, alejando a muchas mujeres de la disputa electoral.

El resultado es un sistema que necesita el voto de las mujeres, pero que sigue dificultando su acceso al poder. Las reglas que estructuran el juego político en Brasil fueron hechas, históricamente, por hombres y para hombres, y continúan reproduciendo una representación profundamente desigual.

En 2026, mientras Lula y el hijo de Bolsonaro – o quien finalmente dispute la presidencia – compiten por el voto del grupo mayoritario del electorado, las mujeres, que siguen siendo indispensables para decidir quién gobierna, continúan lejos de ocupar, en la misma proporción, los espacios donde se ejerce el poder.

Débora Thomé

* Débora Thomé
Es doctora en Ciencia Política, profesora del Instituto Brasileiro de Ensino, Desenvolvimento e Pesquisa (IDP) e integrante de la Red de Politólogas.

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¿Por qué es importante el voto femenino en las elecciones brasileñas?

  • Porque las mujeres son mayoría en el electorado y sus votos son muy codiciados.
  • Porque las mujeres siempre votan por el mismo candidato.
  • Porque solo las mujeres pueden ser candidatas a la presidencia.
  • Porque el voto femenino no tiene impacto en los resultados.
©2026 Editorial La Patria Ltda.
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Lula tiene ventaja en las encuestas para las elecciones presidenciales de octubre.
Las mujeres son consideradas un electorado decisivo en Brasil.
Es probable que las mujeres voten de manera similar por ser mujeres.
Brasil es el segundo peor país de América Latina en representación política de mujeres.
Las cuotas de género han resuelto completamente la desigualdad en la política brasileña.
La violencia política de género ha alejado a muchas mujeres de la disputa electoral.
El sistema electoral brasileño favorece a los hombres y dificulta la visibilidad de las candidatas.
©2026 Editorial La Patria Ltda.
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