Ficha informativa
La devaluación del boliviano refleja una crisis económica que ya se manifestaba en el mercado antes de su reconocimiento oficial. La economía real ha sido afectada por un dólar paralelo y la falta de credibilidad en el sistema financiero.
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Contexto:
La economía boliviana ha enfrentado una crisis que no fue reconocida a tiempo por el Estado. Importadores ya ajustaban costos antes de la devaluación oficial, reflejando una realidad económica oculta.
Se enfatiza que exportar no es suficiente si no se protege el mercado interno. La inflación requiere soluciones basadas en producción y confianza, no solo en medidas superficiales.
Por qué importa:
La falta de acción efectiva ante la crisis ha llevado a un aumento en los precios y ha afectado directamente al ciudadano. La reducción del gasto público sin combatir la corrupción real castiga al pueblo.
Datos clave:
- Tipo de cambio oficial: Bs 10
- Impacto en precios: Aumento previo a la devaluación oficial
Bolivia no necesita economistas de consigna; necesita economistas capaces de leer la calle, el anaquel, la factura, el salario y las reservas. La economía real no espera el decreto. Cuando el Estado reconoce tarde una crisis, el mercado ya cobró por adelantado.
Durante años se creyó que el dólar oficial ordenaba toda la economía. Sin embargo, antes de la devaluación oficial, muchos importadores ya habían devaluado sus costos. No reponían inventarios con el viejo tipo de cambio, sino con un dólar cercano a Bs 10, porque debían conseguir divisas escasas, pagar comisiones, asumir demoras y cubrir el riesgo de reposición.
Por eso, la devaluación oficial no inició el problema: Lo reconoció. La farmacia, la ferretería, el repuesto automotor, el equipo informático y el alimento importado ya habían incorporado una devaluación efectiva. La pizarra llegó después; la calle habló primero.
Ahí se desnuda la contradicción de los indoctos de la economía boliviana. Hablan como si los precios recién fueran a subir, cuando muchos ya subieron porque el importador calculaba con dólar paralelo. Confunden devaluación oficial con devaluación real. La primera aparece en una tabla; la segunda golpea el bolsillo del pueblo.
También se equivocan quienes dicen que recortar gasto público es cortar corrupción. Si se reduce salud, educación o inversión, pero se conservan sobreprecios, cargos políticos y compras amañadas, no se combatió la corrupción: Se castigó al ciudadano. El ajuste debe cortar privilegios, gasto parasitario y enriquecimiento ilícito.
La misma pobreza intelectual aparece cuando se afirma que exportar siempre es señal de fortaleza. Exportar es virtud si nace de excedentes reales, productividad y valor agregado. Pero exportar desabasteciendo el mercado interno es irresponsabilidad. Un país serio primero protege la mesa de su pueblo y luego vende excedentes al mundo.
Tampoco basta exportar para reconstruir reservas. Las divisas deben ingresar, formalizarse, permanecer en el sistema financiero y superar las salidas por importaciones, deuda, subsidios, fuga de capitales y desconfianza. Sin credibilidad, la divisa entra por una puerta y se escapa por otra.
La inflación no se controla con gritos. Se controla con producción, abastecimiento, logística, disciplina fiscal inteligente y confianza. Negar la devaluación previa es negar la realidad del mercado.
Por eso, el debate serio no es repetir recetas atrasadas. Es ordenar el mercado cambiario, transparentar costos, sancionar la especulación, cortar la corrupción real, proteger el salario, abastecer el mercado interno, exportar con inteligencia y reconstruir reservas. El indocto grita consignas; el economista serio estudia causalidades. Bolivia no empezó a devaluarse cuando cambió el tipo de cambio oficial: Ya se había devaluado en la calle, en la factura y en el costo de reposición.
* Post Ph. D. Alfredo Eduardo Mancilla Heredia
Doctor en Economía Post Doctor en Formación de Investigadores
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