Ficha informativa
El 17 de mayo se conmemora el Día Nacional del Canillita en Bolivia, una fecha que rinde homenaje a los trabajadores del papel, quienes enfrentan una crisis por la digitalización y la falta de apoyo gubernamental. En Oruro, el gremio lucha por su supervivencia ante la disminución de ventas y la pérdida de afiliados.
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Contexto:
La celebración del Día Nacional del Canillita se instituyó para reconocer el trabajo de estos vendedores. La fecha coincide con la fundación del primer sindicato en un contexto político agitado. La crisis actual se agrava por el avance tecnológico y decisiones políticas que afectan su sustento.
Las historias personales de Don Félix Mamani, Andrés Fernández y Doña Susana Quena reflejan la lucha diaria y el sacrificio detrás del oficio. Se proponen soluciones como fomentar la compra de periódicos en escuelas para asegurar su continuidad. La situación actual es un llamado a la acción para preservar este legado cultural.
Por qué importa:
La disminución en las ventas ha llevado a una crisis económica en el gremio, afectando directamente a las familias que dependen de este trabajo. La falta de apoyo gubernamental y la centralización informativa han contribuido al desamparo del sector.
Datos clave:
- Fecha de conmemoración: 17 de mayo
- Número de Ley: Ley Nº 624
- Año de fundación del primer sindicato: 1936
- Número de afiliados activos antes de la pandemia: 80
- Número actual de afiliados: 15 a 25
- Ejemplares vendidos antes: 2,000 a 3,000 diarios
- Ejemplares vendidos actualmente: 300 diarios (500 en fin de semana)
- Número de canillitas fallecidos por COVID-19: 15
Cada 17 de mayo, Bolivia conmemora el Día Nacional del Canillita (establecido formalmente mediante la Ley Nº 624). Esta es una fecha de reconocimiento institucional y orgullo civil que rinde honores a los hombres y mujeres que, con su típico grito de venta, han sido los mensajeros de la historia del canillita en Oruro.
En la ciudad de Oruro, las plazas, avenidas y tradicionales puestos de revistas se convierten en el escenario de un homenaje profundo a estos sacrificados trabajadores. A pesar de los años, ellos mantienen vivo un oficio en el que hoy les toca librar la batalla por su subsistencia.

El origen histórico de la fecha
El 17 de mayo no es un día cualquiera en el calendario boliviano; es una jornada nacida al calor de las luchas sociales de la primera mitad del siglo XX. La fecha fue elegida de manera histórica para conmemorar la fundación, un 17 de mayo de 1936, del primer Sindicato de Suplementeros y Canillitas de Bolivia.
Este hito se dio precisamente en un momento de alta agitación política en el país, coincidiendo con el derrocamiento militar del entonces presidente de Bolivia José Luis Tejada Sorzano (1934-1936), tras el retorno de las tropas de la Guerra del Chaco.
Décadas más tarde, este merecido homenaje quedó sellado por ley gracias a la promulgación de la Ley Nº 624, el 31 de diciembre de 2014, por el expresidente Evo Morales Ayma, con el firme propósito de valorar su sacrificada labor diaria en busca del vivir bien.

La realidad actual: Un gremio en emergencia
Para los trabajadores de Oruro, este oficio es sinónimo de orgullo, dignidad y entrega; una labor que por décadas ha sido el motor de sus vidas y el sustento de sus familias.
Sin embargo, detrás de los saludos institucionales, la conmemoración y los recuerdos de los campeonatos pasados, el cuerpo del gremio orureño se encuentra hoy en emergencia. Detrás de los festejos de este año, se libra una batalla silenciosa y desesperada contra realidades actuales que amenazan con extinguirlos y hacer desaparecer su fuente de trabajo.
Mientras la ciudad duerme bajo las heladas altiplánicas, a las seis de la mañana estos trabajadores ya están en pie. Rememoran con el corazón los años 80 y 90, cuando viajaban a Santa Cruz, Cochabamba o La Paz para congresos nacionales y campeonatos deportivos interdepartamentales que unían al país. Hoy, esos grandes festejos son solo un eco del pasado.

A pesar del profundo amor por su trabajo, las entrevistas con la dirigencia y las bases en Oruro desnudaron una realidad alarmante a través de tres amenazas catastróficas.
El avance de los celulares y las redes sociales ha desplazado drásticamente al papel impreso. Antes, los afiliados antiguos vendían entre 2 mil a 3 mil ejemplares en un solo día. Hoy, la nueva generación prefiere las pantallas. Actualmente, en Oruro, un día normal se venden 300 ejemplares, y el fin de semana puede llegar a 500 en toda la ciudad. La inmensa mayoría de los vendedores apenas logra colocar entre diez y cinco periódicos al día, sobreviviendo solo un pequeño grupo que llega a 40 o 50 diarios gracias a clientes fijos.
El trabajo del canillita demanda jornadas de entre 12 y 14 horas diarias a la intemperie. A pesar de este esfuerzo físico, las ganancias son mínimas y el sector carece de apoyo empresarial o seguro médico.

La crisis no solo se debe a la tecnología, sino también a decisiones políticas que golpean directamente su canasta familiar. Una de las realidades más duras es la reducción de las opciones informativas impresas debido a la falta de incentivos del Gobierno central, así lo expresó, Susana Quena Ignacio, secretaria General de los Canillitas de Oruro.
Según Susana Quena un claro ejemplo de este declive fue la cancelación definitiva de la circulación física del periódico El Alteño, un diario que no solo informaba a las clases populares, sino que representaba una fuente de ingresos fija.
Don Félix Mamani: El hombre que convirtió el papel en el futuro de sus hijos
Para los canillitas orureños, el periódico no es una simple mercancía, sino una parte fundamental de su propia existencia. Don Félix Mamani Buitre, es uno de las canillas más antiguos de la ciudad de Oruro. Su historia con el periódico comenzó en 1975, cuando era un joven de 26 años recién salido del cuartel. Sin un puesto fijo al principio, caminaba entre las calles abriéndose paso en un gremio que en ese entonces tenía “matones” o afiliados antiguos celosos de su territorio.
Con los años, don Félix se ganó el respeto de todos. Se acostumbró tanto a su oficio que el periódico se volvió parte de su vida cotidiana: “Para mí, leer el periódico ya es una costumbre. Es como un almuerzo; si un día no leo el periódico, siento exactamente como si no hubiera almorzado”, confiesa con una sonrisa nostálgica.
Don Félix recuerda con tristeza la enorme diferencia en las ventas: “Antes salían doscientos o trescientos ejemplares por día. Ahora, un día normal salen apenas 300 en Oruro, y el fin de semana puede llegar a 500, nada más. Ya no se vende, ya no se sustenta”.
Sin embargo, la vida de Don Félix está marcada por el sacrificio y la pérdida. Su mayor orgullo es que, gracias a esos centavos ganados hoja por hoja, de jornadas gélidas, logró que su hijo estudiara y se convirtiera en un destacado arquitecto e ingeniero. “Si no hubiera tenido este trabajo, ¿cómo lo habría hecho estudiar?”, se pregunta emocionado.
Sin embargo, también cuenta que la pandemia del Covid-19 entró a su hogar y cobró la vida de su hija y a sus pequeños nietos, dejándole un vacío en el alma que solo alivia volviendo a su quiosco y venta de periódicos cada mañana, atendiendo a los vecinos que lo buscan no solo por la noticia, sino por el calor de su presencia.

Andrés Fernández: De niño voceador a la defensa nacional del gremio
La historia de Andrés Fernández es la de un niño que creció con el peso de las noticias en sus manos. Hoy es el secretario General de la Federación Nacional de Vendedores Afines de Bolivia, pero empezó en Oruro a los 16 años, cuando correr por las plazas voceando los titulares era una necesidad de vida. Andrés vio nacer y apagarse poco a poco los imperios de papel; en sus manos circularon diarios colosales.
Para Andrés, el periódico fue su propia universidad y la de miles de orureños: “Yo conozco a periodistas, profesores y autoridades de edad que hoy están arriba; ellos pasaron por las aulas y estudiaron con el periódico que yo les vendía”, relata con orgullo.
Fernández define al canillita no solo como un vendedor, sino como un servidor público esencial: “El canillita es también un guía turístico. Si usted le pregunta dónde queda un cine, una calle o qué micro tomar para ir a la Virgen, él se lo va a decir. De todo sabe el canillita”.
Andrés expresó la impotencia al ver cómo el Gobierno central canceló la circulación física de periódicos populares como El Alteño, arrebatándoles de las manos un producto que llevaba el pan a sus mesas.
A pesar de que sus ingresos han caído al mínimo y que la tecnología parece ganarle la partida a la ortografía y a la lectura, Andrés se mantiene firme en su puesto, con la dignidad intacta de quien sabe que los canillitas son los confesores de las esquinas de Oruro.

Doña Susana Quena Ignacio: La gestión de los puestos y la situación del sindicato
En un sector históricamente liderado por varones, Susana Quena Ignacio ejerce como la secretaria General de los Canillitas de Oruro. Su vínculo con el rubro es de herencia familiar; recuerda que su madre también fue canillita, una mujer de avanzada edad a la que sus hijos intentaban convencer de ya no salir a trabajar debido a los riesgos propios de la vía pública.
Esa experiencia familiar marcó la gestión de Quena al frente del sindicato, el cual ha registrado una drástica disminución de miembros en los últimos años. La crisis sanitaria del Covid-19 afectó directamente al sector debido a la exposición diaria en las calles y la manipulación de dinero en efectivo. Quena detalla que la pandemia causó el fallecimiento de 15 de sus afiliados: “Nuestros compañeros salieron a vender por necesidad, a ganarse el pan manipulando monedas y papel, y se contagiaron. Así se nos fue Mario Marca, se nos fue Quique, se nos fue Carlos Lunar, que vendía aquí mismo en la plaza (…) murieron vendiendo el periódico”.
Esta cifra de fallecimientos, sumada al abandono definitivo del rubro, redujo el sindicato de 80 afiliados activos a un grupo de entre 15 y 25 personas que permanecen en la actualidad, sin que exista un relevo generacional interesado en el oficio. Ante este escenario, la prioridad de la dirigencia se concentra en la seguridad jurídica de las afiliadas de la tercera edad.
Actualmente, el gremio mantiene un conflicto administrativo con el municipio de Oruro debido a la falta de documentación legal de sus quioscos, instalados en las calles desde hace más de 50 años. Quena denuncia que las solicitudes para regularizar los padrones municipales reciben constantes respuestas negativas. La obtención de estos documentos es considerada vital para el futuro de los trabajadores: “Queremos regularizar nuestros puestos de venta para que, en nuestra vejez, si desaparece el periódico definitivamente, podamos tener el derecho de vender material escolar o lo que sea para subsistir”.
Asimismo, la ejecutiva señala el abandono por parte de las autoridades locales y de la Gobernación de Oruro, puntualizando que el sector carece de un seguro de salud. Manifiesta que ningún gobierno ha atendido las necesidades estructurales del gremio, contrastando la situación actual con las décadas de los 80 y 90, cuando el sector era invitado formalmente a los desfiles cívicos institucionales del 10 de Febrero y 6 de Agosto.

El valor de una historia que se escribe día a día
Las historias de don Félix, Andrés y Susana demuestran que el canillita no es un elemento decorativo del paisaje urbano de Oruro, sino un testimonio viviente de la perseverancia humana.
Para frenar la extinción de su fuente laboral, la dirigencia orureña plantea soluciones urgentes, como pedir a las autoridades educativas que propongan a las escuelas y colegios adquirir periódicos impresos para fomentar la lectura y la ortografía en los estudiantes, ayudando al mismo tiempo a mantener con vida al canillita.
El periódico físico ha sido, por generaciones, una escuela popular que enseña a leer, escribir y expresarse correctamente.
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