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Cuando el mundo se fragmenta, Bolivia también está en riesgo

António Guterres y Rodrigo Paz
El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres y el presidente Rodrigo Paz • RR.SS.
La crisis geopolítica mundial afecta a Bolivia: advertencias de António Guterres sobre la fragmentación del orden internacional

Ficha informativa

António Guterres advirtió sobre la fragmentación del orden internacional en su discurso del 22 de septiembre de 2026. Esta situación afecta a Bolivia, que enfrenta riesgos de desaceleración e inflación debido a la confrontación geoeconómica.

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Contexto:

El Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial, publicado en enero de 2026, identifica la confrontación geoeconómica y el conflicto armado entre Estados como los principales riesgos para ese año. Guterres destacó que la desestabilización de las cadenas de suministro globales afecta directamente a Bolivia.

Guterres mencionó que la gobernanza global ya no refleja las realidades actuales y que el multilateralismo está cediendo ante divisiones en bloques rivales. La neutralidad pasiva ya no es un refugio seguro para Bolivia.

Por qué importa:

La crisis geopolítica genera presión sobre el costo de vida en Bolivia, encareciendo bienes importados y restringiendo el acceso al financiamiento internacional. Esto podría convertir las riquezas naturales del país en una fuente de vulnerabilidad.

Datos clave:

  • Fecha del discurso: 22 de septiembre de 2026
  • Conflictos armados en 2025: 65
  • Gastos militares globales en 2025: 2,9 billones de dólares
  • Porcentaje del PIB mundial destinado a gastos militares: 2,5%
Cuando el mundo se fragmenta, Bolivia también está en riesgo
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En su último discurso ante la Asamblea General, el pasado 22 de septiembre, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que el mundo se encuentra en un proceso de fragmentación, tensiones crecientes, desconfianza profunda, mercados en crisis, instituciones debilitadas y cooperación menguante al que denominó la “Gran Fractura”. Aseguró que las guerras prolongadas, el debilitamiento del derecho internacional, las rivalidades geopolíticas, la crisis climática y la aceleración descontrolada de la inteligencia artificial no son fenómenos aislados, sino expresiones de una misma disputa por el poder.

La advertencia de Guterres adquiere mayor dimensión cuando se la contrasta con el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial, publicado en enero de este año, que identifica a la confrontación geoeconómica y el conflicto armado entre Estados como los principales riesgos mundiales para 2026. El estudio advierte que los gobiernos están utilizando cada vez más instrumentos económicos con objetivos geopolíticos y de seguridad nacional, y que las cadenas de suministro, las tecnologías estratégicas y los recursos naturales se convierten en elementos de competencia, lo que a su vez profundiza el debilitamiento de las instituciones multilaterales y puede fragmentar la economía mundial.

Más allá de estos diagnósticos, el problema es que la confrontación económica podría favorecer la transición hacia formas de confrontación bélica. Los registros del Uppsala Conflict Data Program confirman que en 2025 el mundo registró un máximo histórico de 65 conflictos armados con participación estatal, de los cuales 13 alcanzaron la categoría de guerra. Ese año, el gasto militar global llegó a los 2.9 billones de dólares, equivalente al 2.5% del PIB mundial: el nivel más alto registrado por el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz. La carrera armamentista está incluyendo a las grandes potencias, pero también a países subdesarrollados, mientras disminuye la confianza en la capacidad de las instituciones para contener las confrontaciones.

Pese a estos datos inquietantes, no parece que estemos cerca de una etapa de conflagración mundial. Los peligros son: que la guerra vuelva a ser considerada una herramienta normal de la política; que la economía se convierta cada vez más en un campo de batalla; que la tecnología avance más rápido que las reglas; y que las grandes potencias consideren que las instituciones internacionales son obstáculos cuando contradicen sus intereses.

En este escenario, el diagnóstico del Secretario Guterres resulta más preocupante. Las instituciones de gobernanza global ya no reflejan las realidades del poder actual, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se encuentra sumido en una parálisis sistémica debido al derecho de veto de sus miembros permanentes, y algunas decisiones de la Corte Internacional de Justicia no tienen efectos concretos.

Hoy, la ONU enfrenta una crisis de autoridad, eficacia y representatividad. Al desdibujarse los límites jurídicos al ejercicio del poder, el multilateralismo cede su lugar a la división del planeta en bloques rivales con sistemas económicos, tecnológicos y de seguridad incompatibles entre sí. Si las instituciones no funcionan, la alternativa puede ser una progresiva sustitución de las reglas por acuerdos de poder, alianzas circunstanciales y relaciones transaccionales. Y cuando las reglas pierden autoridad y la fuerza sustituye al derecho, la distancia entre una crisis regional y una tragedia mundial puede ser mucho más corta de lo que imaginamos.

La Gran Fractura no se detiene en las fronteras de las superpotencias: llega a todos los países, incluyendo Bolivia. La desestabilización de las cadenas de suministro globales y la volatilidad económica asociada a la confrontación geoeconómica exacerban los riesgos locales de desaceleración e inflación, generando una presión directa sobre el costo de vida, encarecimiento de bienes importados, subsidios energéticos y un acceso cada vez más restrictivo al financiamiento internacional debido a las cargas de deuda global.

Como habría afirmado León Trotsky, “tal vez no te interese la guerra, pero a la guerra le interesas”. Para Bolivia, la neutralidad pasiva dejó de ser un refugio seguro. La gran lección es que la geopolítica ya no puede observarse como un asunto distante. La guerra, la energía, las materias primas estratégicas, las cadenas de suministro, la tecnología y las finanzas forman parte de una misma disputa global. En este nuevo mundo, poseer recursos no garantiza soberanía; también se necesitan instituciones, conocimiento, tecnología, capacidad productiva y una política exterior capaz de preservar márgenes de decisión.

El desafío de Bolivia será evitar que la fragmentación del orden internacional convierta sus riquezas naturales en una fuente de vulnerabilidad, en lugar de transformarlas en una plataforma para su desarrollo.

Ronald Nostas Ardaya

* Ronald Nostas Ardaya
Industrial y ex Presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia

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¿Por qué es importante la advertencia del Secretario General de la ONU sobre la 'Gran Fractura'?

  • Porque señala que el mundo está en paz y no hay conflictos.
  • Porque indica que las instituciones internacionales están funcionando perfectamente.
  • Porque resalta la interconexión entre conflictos, economía y tecnología en un contexto global.
  • Porque sugiere que los países deben actuar de manera aislada.
©2026 Editorial La Patria Ltda.
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Relaciones causa–efecto

Instrucciones: Identifica cada causa y relaciónala con su efecto correspondiente, según lo expuesto en la nota.
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Causas:

El debilitamiento del derecho internacional
La confrontación geoeconómica entre Estados
La crisis climática y la aceleración de la inteligencia artificial
La parálisis del Consejo de Seguridad de la ONU

Efectos:

profundiza el debilitamiento de las instituciones multilaterales
exacerba los riesgos locales de desaceleración e inflación
contribuye a una mayor competencia por recursos y poder
genera una crisis de autoridad y eficacia en la gobernanza global
©2026 Editorial La Patria Ltda.
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