Ficha informativa
La crisis humanitaria en Gaza se agrava con más de 73,000 muertos y condiciones de vida críticas para dos millones de gazatíes. La situación se deteriora por bombardeos continuos y restricciones a la ayuda humanitaria.
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Contexto:
Casi ocho meses después del acuerdo de alto el fuego, la situación humanitaria es crítica. Anas Huséin al Nagla, desplazado en Deir al Balah, afirma que no ha habido cambios y que la situación ha empeorado. Salwa al Tibi, directora de MedGobal, menciona infecciones respiratorias y diarrea por falta de agua potable. La ONG Gisha destaca restricciones a más de una treintena de ONG internacionales desde diciembre.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, confirmó que las tropas controlan un mayor porcentaje del territorio. El cese del fuego y el acceso humanitario han sido incumplidos. La fase 2 del acuerdo está bloqueada, mientras Hamás mantiene contactos para destrabarla.
Por qué importa:
La reducción en la ayuda humanitaria ha llevado a organizaciones como World Central Kitchen a disminuir raciones alimentarias. La ONU advierte sobre la contaminación del agua y el aumento de enfermedades. La falta de acceso a atención médica y alimentos sigue afectando gravemente a la población civil.
Datos clave:
- 73,000 muertos desde el 7 de octubre de 2023.
- 173,000 heridos desde el mismo periodo.
- 61 millones de toneladas métricas de escombros en Gaza.
- 80% de los edificios en la Franja están destruidos o dañados.
- 60% de Gaza controlado por tropas israelíes.
- Desde el 7 de octubre de 2023, cortes en el suministro eléctrico a Gaza.
Casi ocho meses después de un acuerdo de alto el fuego que no ha detenido los bombardeos israelíes en Gaza, la situación humanitaria en Gaza de los dos millones de gazatíes es crítica: la mayoría sigue malviviendo en tiendas de campaña rodeados de montañas de basura, escombros y, ahora también, con plagas de roedores y menos ayuda humanitaria en Gaza.
Anas Huséin al Nagla, desplazado en el campamento de Deir al Balah (centro) pero originario de la sureña ciudad de Rafah -arrasada por el Ejército israelí y bajo control militar desde mayo de 2024-, asegura que el armisticio “es una mentira” y que sus vidas son ahora más difíciles.
“No ha habido ningún cambio. De hecho, la situación y el sufrimiento han empeorado. Nos estamos hundiendo en un lodazal”, dice a EFE mientras su voz queda apaciguada por el zumbido de un dron o de un caza israelí cercano. “¿Qué tregua? ¡Aquí no hay ninguna tregua!”, añade poco después.

En estos ocho meses durante los que el Gobierno israelí no ha levantado el veto a la entrada de periodistas ni retirado a sus tropas de la Franja, se ha profundizado la escasez de agua potable para quienes viven bajo tiendas de lona, así como la acumulación de residuos fecales, basura y, con ellos, la propagación de enfermedades en unos campamentos hiperpoblados.
La ONU estima que quedan en Gaza miles de toneladas de munición sin explotar y al menos 61 millones de toneladas métricas de escombros -alrededor del 80 % de los edificios de la Franja están destruidos o dañados: viviendas, escuelas, universidades, mezquitas-, lo que contamina acuíferos e imposibilita cualquier tentativa de reconstrucción.
“Vemos muchos casos de infecciones respiratorias agudas y de diarrea ya que el agua no es potable (…) Hay desechos sólidos en cada lugar de Gaza”, dice a EFE desde Gaza Salwa al Tibi, directora en el enclave palestino de la ONG médica estadounidense MedGobal.
Al Titi también describe la presencia ubicua de ratas en los campamentos y vertederos y, entre los más pequeños, de piojos y otros ácaros que les provocan enfermedades cutáneas.

“Los niños se despiertan gritando en medio de la noche cuando roedores les muerden los dedos de las manos y pies (…) Sus madres se aferran a lo poco que les queda para descubrir que las ratas han roído mantas, ropa y sus escasas pertenencias”, describe el responsable de desarrollo de recursos de Cáritas Jerusalén, Harout Bedrossian.
Electricidad basada en generadores
Desde la noche del 7 de octubre de 2023, día del ataque múltiple de Hamás contra Israel, el gobierno cortó el suministro directo de electricidad a Gaza y, a día de hoy, solo permite una línea que alimenta una planta desalinizadora. El resto -hospitales, tratamiento de aguas, quirófanos, cámaras frigoríficas- depende de la energía de decenas de generadores y de paneles solares.
Pero las autoridades israelíes no permiten la entrada de nuevos dinamos, paneles o piezas de repuesto, que clasifica como artículos de ‘doble uso’ (tanto civil como militar). Esto está sumiendo a la Franja en una situation insostenible, según denuncian diferentes ONG, a medida que la demanda continúa pero los generadores se estropean, sobrecargan o escasea el combustible.

“Israel tiene la obligación legal de satisfacer las necesidades básicas de la población civil en Gaza, abstenerse de bloquear el suministro esencial y de atacar la infraestructura civil. El acceso al agua y al saneamiento son derechos esenciales”, denunció en un comunicado en abril la ONG israelí Gisha.
En el ámbito de ayuda humanitaria, el Supremo avaló el pasado 20 de mayo la prohibición israelí -aprobada en diciembre- contra más de una treintena de ONG internacionales, que no podrán seguir en Gaza si no completan este junio un nuevo registro israelí que les obliga a dar información personal sobre sus empleados palestinos.
Entre las afectadas están Acción Contra el Hambre, varias ramas de Médicos Sin Fronteras, Oxfam o el Consejo Noruego para los Refugiados: la espina dorsal humanitaria que sostiene Gaza junto al Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

Y otras que sí seguirán activas en Gaza como World Central Kitchen (WCK), del chef español José Andrés, han reducido a la mitad las raciones de comida que reparten a diario en el norte, área central y sur de Gaza debido a la creciente “presión financiera”.
“Esta reducción no significa una disminución de las necesidades sobre el terreno”, detalla a EFE Wadhah Hubaishi, responsable de esta organización para Oriente Medio, que explica cómo priorizan el reparto de comida entre 70 centros médicos, pacientes y personal, además de escuelas y orfanatos con niños.
“La situation humanitaria es devastadora. Gracias a Dios que nos podemos mantener de pie”, dice el palestino Al Nagla, que asegura que se morirían de hambre en Deir el Balah si no fuera por esas cocinas comunitarias.
Ni tregua ni vía política
Los datos hablan por sí solos: casi 1.000 muertos y 3.000 heridos desde que el pasado 11 de octubre Israel y el grupo islamista palestino Hamás rubricaran la tregua con intermediación de Estados Unidos. En total desde el 7 de octubre de 2023 hay casi 73.000 muertos y más de 173.000 heridos.
“Se suponía que el plan traería alivio. En cambio, los palestinos en Gaza siguen pasando hambre, continúan sin tener acceso a atención médica y siguen muriendo civiles”, afirmaba Adam Coogle, subdirector para Oriente Medio de Human Rights Watch, el mes pasado.

“Un sueño lejano en medio del genocidio”
Amnistía Internacional también aseguraba entonces que la reconstrucción del enclave palestino, donde aproximadamente el 77 % de las viviendas han sido destruidas o dañadas, “sigue siendo un sueño lejano en medio del genocidio y los ataques aéreos”.
Los bombardeos, el uso de drones, disparos contra civiles, ataques contra puestos policiales y fuego naval en las costas de Gaza se han repetido en estos 8 meses, aterrorizando a una sociedad de más de 2 millones de habitantes.
“Cada día hay una masacre, cada día la sangre del pueblo de Gaza sigue derramándose, cada día una madre pierde a su hijo, una esposa pierde a su esposo o mueren niños (…) ¿Qué alto el fuego es este?”, indicó a EFE Um Fadi Shannar, desplazada del norte de la Franja desde el sur de Gaza.
Israel y la “amenaza inminente” en la ‘línea amarilla’
El Ejército israelí dice continuar atacando Gaza para protegerse de Hamás y de acercamientos “sospechosos” a la ‘línea amarilla’ -la divisoria donde las tropas israelíes debían mantenerse replegadas en esta primera fase de alto el fuego- que consideran una “amenaza inminente”.
No obstante, se han documentado muertes de familias, con mujeres y niños, cerca de esa línea y también bombardeos a campos de desplazados como el de Mawasi (sur) -alejado varios kilómetros al oeste de ella- o al corazón de la ciudad de Gaza. En estos casos, los objetivos de Israel suelen ser presuntos miembros de Hamás o miembros de las fuerzas de seguridad gazatíes.
Desde el ala política de Hamás, su portavoz en Gaza, Hazem Qasem, lleva meses expresando que “carece de sentido” hablar de alto el fuego porque Israel “sigue con sus operaciones de matanza” e imponiendo “una nueva realidad sobre el terreno”.
El propio primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó a mitad de mayo que sus tropas controlan ya el 60 % de la Franja de Gaza, expandiéndose más allá del 53 % estipulado donde debían quedar apostadas tras la ‘línea amarilla’.
El cese de las hostilidades y la disposición del Ejército israelí -además de los continuos bloqueos a la ayuda humanitaria– han sido los puntos principalmente incumplidos de la primera fase de alto el fuego, que se enmarcaba dentro del ‘Plan de paz para Gaza’ pergeñado por Trump.
El intercambio de 20 rehenes vivos israelíes y una treinta de cuerpos sin vida por unos 2.000 presos palestinos de Gaza y Cisjordania, sin embargo, sí se consumó.
Parálisis de la segunda fase de alto el fuego
EE.UU. declaró formalmente en enero la entrada en vigor de la fase 2 del acuerdo -que debía incluir la desmilitarización de Hamás, la creación de una fuerza internacional de estabilización y la entrada de un comité tecnocrático palestino para gobernar la Franja-, pero en la práctica se encuentra completamente bloqueada.
Desde Hamás continúan manteniendo contactos con mediadores en Egipto y Catar, además de representantes estadounidenses de la Junta de Paz, para destrabar la segunda fase del alto el fuego, cuyo punto clave para Israel es el desarme total del grupo islamista, que no se ha mostrado por el momento abierto a ello.
/ Con información de EFE
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