Ficha informativa
La reconfiguración de los flujos globales de alimentos impacta la seguridad y soberanía alimentaria en Bolivia, que enfrenta una transición hacia un modelo más autónomo en medio de una geopolítica cambiante.
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Contexto:
A inicios del siglo XXI, Estados Unidos controlaba flujos de valor entre 30 B$us y 60 B$us en commodities. La transición hacia una bipolaridad geopolítica ha transformado los alimentos en herramientas de presión diplomática. Bolivia mantiene niveles de inflación alimentaria menores que otros países, pero carece de soberanía alimentaria debido a su dependencia externa.
Bolivia debe transitar hacia un modelo que garantice autonomía sobre sus factores productivos, enfrentando escenarios como tensión permanente, crisis de desabastecimiento y guerra total por la inexistencia de seguridad alimentaria.
Por qué importa:
La falta de soberanía alimentaria puede llevar a procesos incrementales de pobreza y reducción poblacional por estrés nutricional. La estabilidad futura depende del cierre de la brecha entre precios controlados y la pobreza extrema que limita el acceso a alimentos.
Datos clave:
- Inflación alimentaria en Argelia: 15.7%
- Inflación alimentaria en Cabo Verde: 16.2%
- Categoría de vulnerabilidad alta: Mapa del Hambre
- Art. 406: Constitución Política del Estado
Por: Jose Antonio Cortez Torrez
La reconfiguración de los flujos globales de commodities y su impacto directo en la seguridad y soberanía alimentaria de Bolivia, tiene que tomar en cuenta la transición de un modelo unipolar a una realidad fragmentada y bipolar.

El Ocaso de la Unipolaridad: Del “Núcleo y radios” a la Fractura Global
A inicios del siglo XXI, el sistema alimentario mundial operaba bajo una arquitectura de unipolaridad consolidada. Según los registros de comercio de productos básicos del año 2000, Estados Unidos actuaba como el nodo central o Hegemón, controlando flujos de valor que oscilaban entre los 30 B$us y los 60 B$us en commodities generales. Bajo este esquema de “núcleo y radios”, las reglas del intercambio, las monedas de reserva y los estándares logísticos eran dictados por un solo eje transatlántico.
Sin embargo, el escenario de 2022 y la proyección a 2024-2026 revelan una transición geopolítica irreversible. Hemos pasado de una hegemonía centralizada a una bipolaridad en conflicto, donde China y el eje eurasiático desafían el Interés Global Dominante (IGD) de Occidente. Esta fragmentación ha transformado los alimentos en armas de presión diplomática y herramientas de control territorial, elevando la volatilidad de los precios y redibujando las rutas de suministro.
La Paradoja Boliviana: Seguridad sin Soberanía
Bolivia se encuentra en una posición ambivalente. Si bien el país ha logrado mantener niveles de inflación alimentaria significativamente menores en comparación con naciones como Argelia (15.7%) o Cabo Verde (16.2%), esta estabilidad es, en gran medida, un espejismo macroeconómico. Los datos indican que Bolivia persiste en una categoría de “Vulnerabilidad Alta” en el Mapa del Hambre.
La distinción técnica es crítica:
▪ Seguridad Alimentaria: Acceso físico y económico temporal a los alimentos.
▪ Soberanía Alimentaria: Control autónomo sobre los factores de producción y la matriz productiva.
Bolivia goza de lo primero, pero carece de lo segundo, debido a la dependencia externa en insumos tecnológicos y capital.
Estructura de la Economía Plural y Niveles Tecnológicos
La Constitución Política del Estado (Art. 406) define una economía plural que busca integrar diversos actores. Sin embargo, la brecha tecnológica entre estos sectores determina su capacidad de respuesta ante crisis globales. El análisis de los sectores productivos agropecuarios se divide en cuatro estratos técnicos:

La crisis alimentaria actual no es solo un fenómeno de mercado; es una crisis de acceso a los Factores de Producción. Matemáticamente, la función de producción para la crisis puede expresarse mediante la relación entre tierra (T), capital (K), trabajo (L), tecnología (Γ), organización productiva (Ξ) y recursos biológicos (Ψ):
C𝑟𝑖𝑠𝑖𝑠 ⟶ 𝑓(𝑇,𝐾,𝐿,Γ,Ξ,Ψ)
El estrangulamiento de cualquiera de estas variables —especialmente el acceso al capital y a la diversidad biológica (semillas)— compromete la estabilidad del sistema nacional.

Hacia una “Glocalización” Resiliente y Escenarios Futuros
El concepto de Glocalización surge como la respuesta estratégica necesaria: fortalecer la matriz productiva interna (lo local) mientras se navega con pragmatismo en la red global. Bolivia debe transitar de un modelo extractivista-redistribuidor a uno que garantice la autonomía sobre sus factores productivos.
Escenarios de Riesgo para 2026
El análisis prospectivo identifica tres escenarios posibles derivados de la inestabilidad geopolítica:
▪ Escenario de Tensión Permanente: Incremento sostenido en los costos de insumos (fertilizantes y maquinaria) y una inflación importada que erosiona el poder adquisitivo de los sectores de Agricultura Convencional y de Precisión.
▪ Crisis de Desabastecimiento: Reducción de reservas por razones especulativas u ocultamiento, afectando principalmente a los países vulnerables por sus características estructurales.
▪ Escenario de “Guerra Total”: Inexistencia de seguridad alimentaria, procesos incrementales de pobreza y reducción de la población por estrés nutricional en el corto plazo.
Conclusión Estratégica
La geopolítica hoy decide qué ponemos en la mesa. Para Bolivia, el desafío no es solo producir más, sino decidir quién controla lo que se siembra. La soberanía alimentaria no es un eslogan romántico, sino un imperativo de seguridad nacional.
La transición hacia modelos que respeten los límites planetarios y el cambio climático debe hacerse sin sacrificar la autonomía tecnológica.
La estabilidad futura depende de la capacidad del Estado para cerrar la brecha entre la macroeconomía de precios controlados y la realidad humana de la pobreza extrema que impide el acceso real al alimento.
*Analista Estratégico en Desarrollo. jact_bo@yahoo.com
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