Ficha informativa
La caza furtiva en la Puna jujeña ha reducido drásticamente la población de vicuñas, pasando de 2.000 a entre 300 y 400 ejemplares en un año. La comunidad local solicita ayuda a las autoridades para frenar esta situación.
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Contexto:
Sebastián Arias, presidente de la comunidad originaria de Ciénaga de Paicone, alertó sobre la caza furtiva que afecta a las vicuñas. La comunidad ha denunciado esta situación sin recibir respuesta adecuada por parte de las autoridades.
Los cazadores furtivos utilizan rifles para matar a las vicuñas y extraen su cuero, que tiene un alto valor en el mercado. La comunidad planea viajar a San Salvador de Jujuy para solicitar una audiencia con autoridades del área de Biodiversidad.
Por qué importa:
La reducción drástica en la población de vicuñas podría llevar a la especie al borde de la extinción. La falta de recursos para proteger a los animales y la inacción gubernamental agravan el problema.
Datos clave:
- Población de vicuñas el año pasado: 2.000
- Población actual de vicuñas: entre 300 y 400
- Reducción porcentual: hasta el 85%
- Altura de los campos: más de 4.500 metros sobre el nivel del mar
- Número de habitantes en la comunidad: 370
- Distancia a la frontera no habilitada: 4 kilómetros
Caza furtiva amenaza a vicuñas en la Puna jujeña
Una alarmante situación de depredación de fauna protegida sacude a la Puna jujeña, ubicada en el noroeste de Argentina. Este fenómeno se evidencia tras registrarse una nueva matanza de ejemplares en la zona norte de la provincia.
Denuncia de la comunidad originaria
Sebastián Arias, presidente de la comunidad originaria de Ciénaga de Paicone, confirmó el hecho y alertó sobre el impacto de la caza furtiva en el sector. “Lamentablemente esta situación viene pasando desde hace mucho tiempo. Si bien es cierto ya hemos dado a conocer a las autoridades, nunca tuvimos una respuesta”, manifestó Arias al relatar cómo se descubrió el último episodio, donde un poblador halló 12 vicuñas muertas a 20 kilómetros del pueblo.
Modus operandi de los cazadores
Arias detalló el modus operandi de los cazadores furtivos: “Matan con los rifles y sacan todo el cuero, que es lo que vale y tiene un precio bastante elevado. Hacen ese sacrificio y dejan el resto. Son cazadores que vienen de otro lado y aprovechan la época de invierno, de mayo a agosto o septiembre, cuando no hay gente en los campos altos a más de 4.500 metros sobre el nivel del mar”.

Impacto en la población de vicuñas
La magnitud del daño provocado a la fauna nativa se refleja en la drástica reducción del rebaño silvestre, informó Jujuy al Momento. “El año pasado había 2.000 vicuñas y ahora creo que hay apenas entre 300 o 400, o tal vez menos. Es mucho el sacrificio, uno sale al campo y ve bastante desperdicio”, lamentó Arias sobre la preocupante cifra que evidencia el avance ilícito sobre la vicuña, una especie amparada por normativas provinciales, nacionales e internacionales informó Jujuy al Momento.
Falta de recursos y apoyo
A la indefensión de los animales —que al criarse de manera silvestre no poseen dispositivos de rastreo ni seguimiento como en otras zonas— se suma la falta de recursos de seguridad en la frontera. “Tenemos una comunidad de 370 habitantes, una frontera a 4 kilómetros que es un paso libre no habilitado y un solo encargado de destacamento policial que no tiene medio para transportarse”, sostuvo.
Solicitud a las autoridades
Ante la falta de respuestas a las denuncias previas, desde la comunidad confirmaron que viajarán a San Salvador de Jujuy para solicitar una audiencia con autoridades del área de Biodiversidad y del Ministerio correspondiente. “Pedimos a las autoridades que nos acompañen más. Vamos a tratar de ir a la capital a ver hasta dónde nos pueden acompañar”, concluyó.
Una crisis crítica por caza furtiva
La alarmante denuncia sobre la caída poblacional de las vicuñas —que habrían pasado de 2.000 a tan solo 400 ejemplares en apenas un año debido a la matanza indiscriminada por su fibra y cuero— evidencia una crisis crítica de caza furtiva en los Andes impulsada por redes de tráfico ilegal que operan al margen de los estrictos modelos comunitarios de esquila en vivo, socavando años de esfuerzos estatales y amenazando con llevar nuevamente al borde de la extinción a este emblemático camélido sudamericano.
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