Ficha informativa
La Amazonía boliviana enfrenta una alarmante deforestación, con más del 90% de la pérdida de bosque siendo ilegal. Un análisis revela que entre 2003 y 2023 se deforestaron más de 186.500 hectáreas en territorios indígenas.
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Contexto:
La investigación realizada por Amazonía Traficada analizó datos filtrados desde la ABT y el INRA. Rivelino Segundo, capitán grande de Isoso, afirmó: “No somos nosotros los que desmontamos. Son los avasalladores.” La historia del reconocimiento territorial indígena es compleja; la Ley INRA fue aprobada tras marchas para exigir el reconocimiento legal.
La plataforma interactiva VISTA fue creada para reunir y analizar información sobre deforestación y asentamientos en territorios indígenas. Entre 2021 y 2024, el cultivo de soya estuvo presente en quince de los cuarenta y ocho territorios indígenas amazónicos.
Por qué importa:
La deforestación tiene consecuencias ambientales graves que afectan no solo a los pueblos indígenas, sino también al ecosistema global. La impunidad y el asedio sistemático a los pueblos originarios impactan su futuro y el equilibrio ambiental.
Datos clave:
- Superficie deforestada: más de 186.500 hectáreas entre 2003 y 2023.
- Porcentaje de desmonte autorizado: 10% (18.670 hectáreas).
- Porcentaje de desmonte ilegal: 90% (168.670 hectáreas).
- Pérdida total en territorios indígenas desde 1986 hasta 2024: aproximadamente 257.000 hectáreas.
- Pérdida total de bosque en Bolivia entre 1986 y 2024: estimada en 7,6 millones de hectáreas.
- Número de resoluciones administrativas emitidas entre 2003 y 2023: aproximadamente 9.400.
- Hectáreas taladas dentro de áreas autorizadas: alrededor de 17.900 hectáreas.
- Hectáreas afectadas por quemas e incendios entre 2001 y 2024: 23,8 millones, con 4,1 millones en territorios indígenas.
- Años de marcha por el reconocimiento territorial indígena: entre los años 1990 y 1996.
- Hectáreas tituladas hasta la fecha: solo 11,7 millones de las solicitadas (22,7 millones).
Deforestación en la Amazonía boliviana
En la Amazonía boliviana, el bosque representa mucho más que un conjunto de árboles; es la “casa grande” donde conviven comunidades, ríos, animales y la memoria de sus antepasados. Sin embargo, un análisis realizado por Amazonía Traficada, un proyecto apoyado por el Pulitzer Center, revela que esta “casa grande” está bajo asedio.
Datos alarmantes sobre la deforestación
Entre 2003 y 2023, se deforestaron más de 186.500 hectáreas de bosque en los 48 territorios indígenas de la cuenca amazónica, una superficie casi tres veces mayor que la ciudad de Madrid. De esta cantidad, solo el 10% contó con la autorización de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierras (ABT); el 90% restante, equivalente a 168.670 hectáreas, ocurrió al margen de la ley.
Testimonio de líderes indígenas
Rivelino Segundo, capitán grande de Isoso, el territorio indígena con la mayor superficie de desmonte ilegal, más de 43.000 hectáreas, afirma: “No somos nosotros los que desmontamos. Son los avasalladores. [En Isoso], lo hacen para sembrar soya a gran escala. Nosotros, como pueblo guaraní, convivimos con la naturaleza”.
Análisis exhaustivo y hallazgos significativos
Este hallazgo es parte de un año de investigación que analizó miles de datos filtrados desde la ABT y el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), corroborados con información de MapBiomas y análisis geoespacial. Entre 1986 y 2024, los 48 territorios indígenas titulados acumularon una pérdida aproximada de 257.000 hectáreas de bosque. Esta cifra representa el 3.4% de toda la superficie deforestada en Bolivia durante ese periodo, estimada en 7.6 millones de hectáreas.
Pérdida significativa en áreas no autorizadas
De las aproximadamente 9.400 resoluciones administrativas emitidas entre 2003 y 2023 para autorizar desmonte, solo se talaron alrededor de 17.900 hectáreas. La mayor parte de la pérdida de bosque sucedió fuera de las áreas autorizadas; entre 2003 y 2023, la pérdida en áreas sin permiso alcanzó las 168.670 hectáreas. La investigación también reveló que por cada hectárea talada dentro de áreas autorizadas, se desmontaron más de nueve hectáreas fuera de ellas.
Control estatal ausente y consecuencias globales
El 90% de la pérdida en territorios indígenas ocurrió sin control estatal. Amazonía Traficada solicitó información a la ABT sobre estos hallazgos, pero no recibió respuesta antes del cierre de la investigación. El informe del World Resources Institute indica que Bolivia ocupó en 2025 el segundo lugar mundial en pérdida de bosque primario, solo detrás de Brasil.
Efectos del reconocimiento territorial indígena
La historia del reconocimiento territorial indígena es compleja; entre los años 1990 y 1996, los pueblos indígenas marcharon hacia La Paz para exigir el reconocimiento legal de sus tierras ancestrales. La presión resultó en la aprobación de la Ley INRA, que sentó las bases para la titulación. Sin embargo, tres décadas después, solo se han titulado 11.7 millones de hectáreas de las 22.7 millones solicitadas.
Avasallamientos y mercado ilegal
Entre 2009 y 2019, el INRA adjudicó aproximadamente 318.500 hectáreas para el establecimiento de comunidades en áreas adyacentes a territorios indígenas. Veintiocho de los treinta territorios consultados reportaron avasallamientos durante las últimas dos décadas. La mayoría de las ocupaciones son realizadas por organizaciones sociales que alegan que las tierras son fiscales disponibles.
Cultivo ilegal y su impacto ambiental
Los avasallamientos no son solo impulsados por organizaciones sociales; también hay actores privados involucrados en un mercado ilegal que busca habilitar tierras para actividades agropecuarias. Datos recientes indican que entre 2021 y 2024, el cultivo de soya estuvo presente en 15 de los 48 territorios indígenas amazónicos.
Cierre del informe y futuro incierto
La plataforma interactiva VISTA fue creada para reunir y analizar información sobre deforestación y asentamientos en estos territorios. Este desastre ambiental está impulsado por la impunidad y el asedio sistemático a los pueblos originarios: el futuro de su “casa grande” tiene consecuencias que trascienden sus fronteras.
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