Ficha informativa
El fenómeno de El Niño activa alarmas en Bolivia por el riesgo de incendios forestales, con proyecciones que indican una intensidad excepcional hasta comienzos de 2027. La falta de preparación del Estado y la necesidad de acciones preventivas urgentes son evidentes.
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Contexto:
El Niño ha estado asociado a sequías y fue precedido por incendios en años como 2009/10, 2015/16, 2019 y 2023/24. La Defensoría del Pueblo se pronunció el 2 de julio de 2026 sobre la necesidad de acciones preventivas urgentes. La Resolución Constitucional N.° 233/2024 declaró un ‘Estado de Cosas Inconstitucional’ respecto a los incendios forestales.
El Ministerio de Planificación del Desarrollo lanzó un ‘Plan de Prevención de Incendios Forestales 2026’, pero presenta carencias técnicas y operativas. Especialistas critican que no ofrece herramientas operativas ni estrategias claras para responder a emergencias. Se requiere involucrar al sector privado en la estrategia territorial.
Por qué importa:
La crisis actual es resultado de daños acumulados en el ecosistema, políticas agrarias laxas y fenómenos climáticos extremos. La destrucción alteró el microclima, comprometiendo la seguridad hídrica y acelerando la pérdida de biodiversidad. Se proyectan riesgos extremos hacia 2027.
Datos clave:
- Probabilidad: 81 % de que El Niño se convierta en muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026.
- Incendios en 2025: Casi 2 millones de hectáreas quemadas.
- Desastre ecológico en 2024: Entre 10,1 y 12,6 millones de hectáreas arrasadas, más de 7 millones corresponden a bosques vírgenes.
El fenómeno de El Niño y su impacto en Bolivia
El fenómeno de El Niño ya está activo en Bolivia, encendiendo las alarmas sobre los riesgos de incendios forestales en el país. Las proyecciones más recientes indican que este fenómeno podría prolongarse hasta comienzos de 2027, alcanzando una intensidad excepcional hacia finales de este año.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima en un 81 % la probabilidad de que entre octubre y diciembre se convierta en muy fuerte, advirtiendo que podría estar entre los episodios más intensos registrados desde mediados del siglo pasado. Los fenómenos de El Niño suelen estar asociados con sequías en distintas regiones de Bolivia.
Historial de incendios forestales en Bolivia
Los incendios registrados en Bolivia en 2009/10, 2015/16, 2019 y 2023/24 estuvieron precedidos por fenómenos de El Niño. Un especialista consultado para este reportaje advierte que el mayor riesgo no necesariamente está en lo que resta de 2026, sino en 2027. Las lluvias recientes han mantenido relativamente húmedas varias zonas, pero una helada fuerte podría cambiar rápidamente el panorama.
Acciones preventivas y planificación
Este riesgo es crítico dado que el país ha demostrado tener capacidades limitadas para combatir incendios de gran magnitud, que suelen apagarse solo con la llegada de las primeras lluvias del último trimestre del año. La Defensoría del Pueblo se pronunció el 2 de julio, indicando que se requieren “acciones preventivas urgentes para evitar una nueva crisis de incendios forestales”.
Además, recordó que la Resolución Constitucional N.° 233/2024, que declaró un “Estado de Cosas Inconstitucional” en relación con los incendios forestales, es de cumplimiento obligatorio. En este sentido, se sostiene que “la respuesta durante la emergencia no reemplaza la necesidad de una planificación anticipada”, lo que refleja un problema central del abordaje estatal frente a los incendios en Bolivia: demasiada reacción tardía y muy poca prevención real.
Plan de Prevención de Incendios Forestales 2026
El Ministerio de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente lanzó hace dos meses su “Plan de Prevención de Incendios Forestales 2026”, un documento de 27 páginas que presenta “una ruta operativa, acciones y recursos que serán impulsados por la Dirección Forestal”. Sin embargo, el documento evidencia carencias técnicas y operativas, lo que puede interpretarse como una falta de voluntad política sobre esta temática.
Estructura del plan y sus deficiencias
Un especialista consultado por Revista Nómadas indica que el documento “no es un plan”, sino un texto descriptivo que enumera conceptos sin ofrecer herramientas operativas para prevenir ni estrategias claras para responder cuando el fuego ya está en curso. En concreto, el documento contiene:
- 6 páginas dedicadas a la introducción.
- 6 páginas sobre un reporte de los incendios de 2025.
- 2 páginas sobre la Estrategia de Gestión Operativa Anual 2026.
- 5 páginas sobre el marco normativo vigente.
- 5 páginas sobre organizaciones relevantes y sistemas de monitoreo.
- 4 páginas con tablas de actividades y recursos casi vacías.
El plan consiste en una serie de siete pasos para contar con un “Plan Estratégico de Manejo Integral del Fuego en Bolivia”, pero estos pasos son pobremente elaborados y carecen de plazos, recursos y responsables.
Necesidad urgente de una estrategia integral
Aarón Borda, bombero forestal del SAR Bolivia, señala que parte de las compañías de bomberos voluntarios no fueron convocadas para elaborar el plan y tampoco están representadas en el Comité Nacional de Reducción de Riesgos y Atención de Desastres y Emergencias. Esto significa que actores con experiencia operativa acumulada continúan fuera de los espacios donde se definen el mando y la movilización de recursos.
El país necesita una cadena clara de monitoreo, verificación y respuesta ante incendios. Sin una secuencia definida antes de la emergencia, la respuesta dependerá nuevamente de arreglos improvisados. Este plan incluye datos sobre la afectación por incendios en 2025, donde casi 2 millones de hectáreas se quemaron.
Análisis del impacto ambiental
Aunque este número es bajo comparado con otros años recientes, no significa que el problema estructural haya sido resuelto. Lo que no se quemó puede seguir acumulando combustible para futuras temporadas. Bolivia debe apoyarse en experiencias regionales como la de Brasil, donde la construcción de una política nacional tomó varios años y requirió cooperación internacional.
Para Bolivia, un proceso mínimo podría tomar al menos tres años, siempre que exista voluntad política y financiamiento sostenido. Además, es esencial involucrar al sector privado como parte de una estrategia territorial de prevención.
Crisis ecológica actual
La destrucción acumulada por los incendios de 2024 alteró el microclima de los bosques tropicales bolivianos, comprometiendo la seguridad hídrica y acelerando la pérdida de biodiversidad. La crisis actual es resultado de una acumulación histórica de daños en el ecosistema combinada con políticas agrarias laxas y fenómenos climáticos extremos.
En 2024 se registró el peor desastre ecológico en la historia del país, donde entre 10.1 y 12.6 millones de hectáreas fueron arrasadas por incendios. Más de 7 millones correspondieron a bosques vírgenes. En 2025, aunque se redujo la superficie quemada, se agravaron las condiciones del suelo y el estrés hídrico en comunidades como Guayaramerín.
Las leyes incendiarias activas continúan vigentes, incentivando la expansión desmedida de la frontera agrícola y ganadera. Este debilitamiento acumulado del bosque deja la mesa servida para los riesgos extremos proyectados hacia 2027.
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