Ficha informativa
Durante una celebración eucarística en Santa Cruz, el arzobispo René Leigue llamó a la comunidad católica a reflexionar sobre la envidia y la competencia, fundamentando su mensaje en la parábola de los trabajadores de la viña del Evangelio de San Mateo.
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Contexto:
Monseñor Leigue explicó que la parábola desconcierta a la mentalidad humana al cuestionar la idea tradicional de mérito. En ella, el dueño de la viña paga a todos los trabajadores un denario, comenzando por los últimos. El arzobispo enfatizó que Dios no evalúa según antigüedad o méritos.
Leigue instó a examinar el propio testimonio de vida antes de juzgar a otros y vinculó su llamado con la misión encomendada por Jesús: “Vayan y hagan discípulos.”
Por qué importa:
El arzobispo advirtió sobre la envidia y las calumnias que surgen ante la bondad divina. Cuestionó si los fieles con mayor trayectoria realmente aportan a la comunidad y cómo algunos pueden convertirse en obstáculos para los recién llegados.
Datos clave:
- Fecha: 20 de septiembre de 2026
- Lugar: Santa Cruz
- Pasaje bíblico: Parábola de los trabajadores de la viña
Monseñor Leigue llama a la comunidad católica a reflexionar
Durante la celebración eucarística en el departamento de Santa Cruz, este domingo 20 de septiembre, el arzobispo de la arquidiócesis, monseñor René Leigue, hizo un llamado a la comunidad católica para superar la lógica de la competencia, las comparaciones y la envidia. Fundamentando su enseñanza en la parábola de los trabajadores de la viña, extraída del Evangelio de San Mateo, la autoridad eclesial invitó a los creyentes a revisar la manera en que comprenden la justicia divina y su propio compromiso comunitario.
Reflexiones sobre la parábola de los trabajadores de la viña
Monseñor Leigue explicó que este pasaje bíblico suele resultar desconcertante para la mentalidad humana, puesto que cuestiona la idea tradicional de mérito. Según esta idea, quien trabaja más horas espera recibir una compensación mayor y quien trabaja menos recibe menos, indicó El Deber. En la parábola, el dueño de la viña entregó a cada trabajador un denario, comenzando por los últimos en llegar. Ante las protestas de los primeros obreros, el propietario respondió: “Amigo, no soy injusto contigo. ¿Acaso no hemos quedado en un denario? ¿No tengo derecho a ser bueno con los demás?”.
Dios y su generosidad hacia todos
A partir de este pasaje, el prelado aclaró que la relación del ser humano con Dios no se rige por la antigüedad, los méritos o las recompensas terrenales. “Los trabajadores somos nosotros; el dueño de la viña es Dios”, afirmó el arzobispo, recordando que el Señor convoca a todas las personas a integrarse a su obra y las mira con igual amor. Asimismo, enfatizó que “Él es bueno con todos”, por lo que la generosidad divina no debe ser causa de reclamo o discrepancia.
La envidia como obstáculo en la comunidad
El arzobispo advirtió también que, frente a la bondad que Dios manifiesta hacia los demás, a menudo afloran la envidia, las calumnias y la tendencia a considerar que unos merecen más que otros. En este sentido, cuestionó la actitud de aquellos fieles que, tras llevar muchos años en la Iglesia, terminan transformándose en un impedimento para los recién llegados. “No debemos ser envidiosos por la bondad que tiene el Señor con unos y con otros”, señaló, e invitó a reflexionar si quienes tienen mayor trayectoria en la comunidad realmente ofrecen los frutos esperados, mientras que otros con menos tiempo responden con superior entrega.
Evaluación personal y compromiso comunitario
Al retomar la enseñanza evangélica de que “Muchos serán los últimos”, monseñor Leigue explicó que Dios no evalúa la fe según apariencias o méritos acumulados, sino observando los actos, el corazón y la conducta diaria de cada persona. Frente a ello, formuló una pregunta directa a la feligresía: “¿Estoy por estar o soy un miembro de la viña, o soy un obstáculo?”. Explicó que dicho obstáculo se presenta cuando se bloquea el paso a otras personas o cuando se vuelve difícil la permanencia de quienes se integran más tarde.
Un llamado inclusivo hacia todos
Para concluir, el arzobispo recordó la postura acogedora del Señor frente a toda la comunidad: “Yo los quiero a todos por igual. A todos los espero dentro de mi viña. Todos están invitados”. Por ello, instó a los fieles a examinar su propio testimonio de vida antes de juzgar la labor ajena, planteando interrogantes como: “¿Cuántos años estoy en la viña? ¿Soy un obstáculo? ¿No estoy haciendo nada en la viña?”. El pastor cruceño vinculó este llamado al examen personal con la misión encomendada por Jesús a sus discípulos: “Vayan y hagan discípulos.”
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