La Franja de Gaza amaneció este jueves 15 de enero, a la espera de la transición hacia la segunda fase del acuerdo de alto el fuego. Sin embargo, los ciudadanos expresan su desconfianza respecto a esta tregua en conversaciones con EFE, mientras se encuentran entre los escombros de la ciudad de Gaza, en el norte del enclave.
“Es pura palabrería. Esta mañana recé la oración `Al Fayr` (del alba) y, al salir de la mezquita, bombardearon con dos misiles y destruyeron toda la zona. ¿Qué demuestra eso? No hay ni segunda ni tercera fase, están mintiendo”, afirma Yamil Hamada, de 57 años.
Al salir del templo, Hamada escuchó las explosiones de edificios en Gaza que, a diario, el Ejército de Israel bombardea en el perímetro que aún permanece bajo su control, más allá de la conocida como la `línea amarilla`.
La retirada de las tropas israelíes
Al inicio de la tregua, el acuerdo estipulaba una primera fase de retirada de las tropas israelíes hasta la línea amarilla. Esta línea es una demarcación imaginaria a lo largo de la Franja de Gaza.
Entre esta línea y la divisoria entre Israel y Gaza se extiende un perímetro que abarca algo más del 50 % del enclave y sigue bajo dominio militar israelí. Sin embargo, el Gobierno de Hamás en la Franja ha denunciado que Israel ha ampliado esa zona durante los 3 meses de alto el fuego.
“Las fuerzas israelíes estaban a 5 kilómetros y pasaron a estar a 2 kilómetros de nosotros. El peligro y los disparos son diarios, ya sea bombardeos desde el mar o desde el eje de Salah al Din”, reprocha Mohamed Abdel Salman, de 49 años.
La crisis humanitaria en Gaza
El Ministerio de Sanidad del Gobierno de Hamás en el enclave elevó este jueves a 451 el total de muertos en ataques israelíes, la mayoría de ellos al aproximarse a la línea amarilla, desde el 10 de octubre de 2025, cuando la tregua entró en vigor.
“Lo que hemos visto es que durante esta fase han avanzado (la línea amarilla). Hemos visto que a diario se producen demoliciones, violaciones del acuerdo y asesinatos. La gente sigue aterrorizada y vive como si la guerra no hubiera terminado”, comenta Mohamed Abdallah Ahmad, de 25 años, en otra conversación con EFE.
Hamada advierte que los pasos fronterizos aún no permiten el retorno de los palestinos que abandonaron el enclave, destacando que el cruce de Rafah, en la divisoria entre la Franja y Egipto, sigue cerrado.
En la primera fase, el plan estipulaba la entrada “inmediata” de ayuda en cantidad suficiente. El Gobierno de Gaza, en manos de Hamás, denunció este jueves que solo han ingresado un 43 % de los 600 camiones diarios pactados, mientras que la administración israelí aseguró hace unas semanas que estaban accediendo todos los acordados.
“La gente sigue pasando hambre. Aunque entre cualquier cosa, hay ayudas que llegan y luego se venden. ¿De qué sirve eso? Yo no tengo dinero para comprar”, añade Hamada.
Tampoco el joven Ahmad consigue comprar con facilidad: “No hay liquidez en el país. ¿Cómo vamos a comprar? Los precios siguen siendo altos y no han bajado como se suponía que debían hacerlo”.
El futuro de Gaza y el nuevo comité
A pesar de su difícil situación, los gazatíes mantienen la esperanza de que la transición ponga fin a la crisis que atraviesa el enclave.
Han comenzado a circular listas de los posibles miembros del comité independiente que administrará el enclave. Egipto confirmó que estará liderado por Ali Shaaz, exministro de la Autoridad Nacional Palestina. Sin embargo, ninguno de los entrevistados sabe quién será su nuevo gobernante.
“Esperamos que estén de nuestro lado y que su elección haya sido adecuada y responsable”, señala Abu Abdelrahman, de 40 años.
Ahmad expresa su deseo de que el comité sea capaz de devolver la vida a la normalidad, una opinión que también comparte Hamada.
“Que Dios los bendiga y que se resuelvan las cosas y que pongan fin a la guerra. Quien gobierne, que gobierne; lo importante es que podamos vivir y que la vida vuelva a ser como antes”, concluye Hamada.
Sin embargo, Abdel Salman es tajante en sus respuestas al respecto: “No confío en nadie, porque quien no aprende del pasado no tiene futuro”, afirma.
Sobre el futuro de Gaza, sentencia: “Por ahora, solo mantenemos la confianza en Dios”.













