Dos langostas americanas con un color azul brillante fueron capturadas en las costas de Massachusetts. La primera fue pescada en julio de 2025 por Brad Myslinski, mientras que la segunda fue hallada semanas después por un pescador que no ha sido identificado. Ambos ejemplares presentan una mutación genética poco común y han sido donados a instituciones educativas para su estudio y exhibición.
Captura de la primera langosta
La primera captura se registró cuando el pescador extrajo de sus trampas una langosta con un caparazón azul eléctrico. Este ejemplar pesa aproximadamente 1 kilogramo y tiene siete años de edad. Fue donado al Centro de Ciencias Marinas de la Universidad de Northeastern, donde recibió el nombre de Neptune.
Explicación de la mutación
La bióloga Sierra Muñoz explicó que el color azul de la langosta proviene de una sobreproducción de crustacianina, una proteína que altera la distribución habitual de los pigmentos en el caparazón. Por su parte, Jay Krithivas, instructor de divulgación del centro, detalló que esta mutación bloquea la expresión de otros colores, lo que permite que el azul, que normalmente permanece oculto, se haga visible.
Segunda captura y su destino
Semanas después, otro pescador encontró una segunda langosta azul, que tiene entre ocho y nueve años y pesa algo más de 0.5 kilogramos. Este ejemplar fue entregado al Departamento de Pesca Marina y posteriormente donado a la Escuela de Ciencias Marinas y Tecnología Este de la Universidad de Massachusetts Dartmouth, donde actualmente se exhibe como parte de un programa educativo.

Valor educativo de las langostas
Forrest Kennedy, gerente del laboratorio, destacó la importancia pedagógica de mostrar a los estudiantes una mutación tan poco común. Al igual que Neptune, esta langosta fue excluida del circuito de consumo y se ha adaptado a un entorno controlado que permite su observación.
Importancia de los ejemplares azules
Las universidades involucradas coinciden en que estos ejemplares son fundamentales para el estudio de mutaciones genéticas y desafíos ecológicos. Su color brillante las hace más vulnerables a depredadores, lo que explica la baja tasa de supervivencia hasta alcanzar la adultez. La ecóloga Neida Villanueva explicó que Neptune ha mostrado una buena adaptación a su nuevo hábitat.
Para proteger a Neptune, se diseñó una cabaña de refugio y se limitó su contacto con el público. Las capturas también han reavivado el interés por la longevidad de las langostas. Según datos del centro de Northeastern, estos animales pueden vivir más de 100 años si logran evitar amenazas externas.
Además, se han registrado ejemplares de hasta 9 kilogramos. Las langostas azules se han convertido en herramientas valiosas para la divulgación científica. Sus casos permiten enseñar sobre genética, adaptación y biodiversidad mediante ejemplos concretos.