Mineros auríferos de la población de Yani, en el municipio de Sorata, pidieron justicia este sábado 5 de abril por las víctimas de una explosión planificada. Este trágico evento produjo una onda expansiva de 1 kilómetro y cobró la vida de 5 personas, entre ellas, una mujer embarazada de 7 meses.
Según los mineros de la cooperativa «Hijos de Ingenio», los asociados de otra cooperativa minera llamada «Señor de Mayo» realizaron un ataque con armas de fuego a su sede por más de 1 hora en la madrugada del jueves. Al final de la refriega, detonaron explosivos que destruyeron un edificio de 4 plantas y toda su maquinaria utilizada para la búsqueda de oro.
“No fue un enfrentamiento, fue un ataque”, declaró a EFE Samuel Quispe, líder de los mineros de «Hijos de Ingenio». Quispe explicó que el conflicto surge por la disputa de un yacimiento de oro que ambas cooperativas desean explotar.
«Es la envidia, ya hemos sufrido 5 ataques de este tipo por los líderes de la cooperativa `Señor de Mayo`. La justicia no hace nada y archiva los casos», afirmó Quispe.

Demandas de justicia
Brandon Acarapi, primo de Soledad Quito Acarapi, la mujer embarazada que falleció en la explosión, exigió que se investigue el suceso y se encuentre a los culpables. Acarapi relató a EFE que intentó llegar a la sede de su cooperativa durante el ataque armado, pero al acercarse en su vehículo, los «del otro bando» le dispararon.
Él se estuvo comunicando por mensajes de teléfono con Soledad hasta minutos antes de la explosión. «Compañeros, están quemando autos. Ya están en el campamento. Nos tienen rodeados», fueron los últimos mensajes que Quito envió a Acarapi.
«Dos minutos después de ese último mensaje, hicieron la explosión», indicó Acarapi. «Yo llegué corriendo como loco, dando vueltas, intentando encontrar a mi prima (…) pero ya está desmembrada por todos lados», recordó.

Condiciones de los sobrevivientes
Los mineros que sobrevivieron a la fuerte explosión ahora duermen bajo lonas improvisadas, ya que sus habitaciones y pertenencias se encontraban en el edificio de su sede. Estos mineros afirman que los otros cooperativistas que los quieren perjudicar utilizaron un tipo de explosivo «que no es dinamita».
Ellos sostienen que conocen su alcance y que no puede generar tal destrucción. La mina se encuentra a más de 3,500 metros sobre el nivel del mar, en la comunidad rural de Yani, a más de 250 kilómetros de la ciudad de La Paz.
El acceso es difícil debido a los caminos de tierra que atraviesan altas montañas y se elevan hasta 4,500 metros sobre el nivel del mar, antes de iniciar el descenso hacia las comunidades mineras. Durante la época de lluvias, las temperaturas se acercan a los 0 grados y el sol casi no se ve porque está cubierto por una espesa niebla. En el centenar de viviendas de Yani se mantiene un profundo silencio.
Aprehensión de sospechosos
En la víspera, la Policía de Bolivia aprehendió a Rubén C.H. Según informó el jefe de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen (Felcc) de La Paz, el coronel Gabriel Neme, este hombre «habría con probabilidad participado dentro de la autoría de este lamentable suceso».
El aprehendido fue trasladado a un hospital de La Paz, pues tenía una fractura expuesta en su pierna derecha y permanece allí con custodia policial. Los mineros indicaron que Rubén C.H. les confesó los nombres de los involucrados en la explosión y que lo entregaron a la Policía para que esta capture a los líderes de la cooperativa «Señor de Mayo».
Contexto del trabajo minero en Bolivia
En Bolivia, el trabajo minero se divide entre el sector administrado por el Estado, el empresarial privado y el cooperativista, compuesto por asociaciones autónomas de afiliados sin una dependencia patronal dedicados a la explotación de minerales. En los últimos años, se han vuelto comunes los conflictos entre cooperativas mineras por el control de yacimientos en el país.