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Flora Mamani, la mujer que marca un hito en la historia de Chipaya

Flora es madre de familia, esposa e hija / LA PATRIA
Flora Mamani Felipe marca un hito importante en la historia de Chipaya, es la primera mujer en asumir el principal cargo ejecutivo de esa región.

Flora Mamani Felipe marca un hito importante en la historia de Chipaya, es la primera mujer en asumir el principal cargo ejecutivo de esa región.

Pronto cumplirá 39 años, nació el 5 de febrero de 1983, y es Técnico Superior en Turismo, dedicó cinco años y medio a la promoción del turismo en la Nación Uru Chipaya.

Tiene cinco hijos, el mayor de 18 años, el que le sigue de 15, luego uno de diez, otro de ocho años, y el menor de cuatro meses, ella asegura que, si bien será un trabajo difícil, no hay nada imposible para una mujer con ganas de ver el desarrollo de su pueblo.

Como toda mujer empoderada sabrá distribuir su tiempo como autoridad, madre de familia, esposa, e hija.

Vivió casi toda su vida en Chipaya, hubo un tiempo en el que migró a Chile, pero volvió con ganas de trabajar.

Cursó la Educación Técnica de Adultos (ETA) en Huachacalla, y posteriormente se formó como Técnico Superior en Turismo, este grado de formación le permitió asesorar, socializar un comité de turismo en Chipaya, que luego se convirtió en un directorio del cual ella estaba a la cabeza por cinco años y medio, en este tiempo consolidó la personalidad jurídica.

Señaló a LA PATRIA que tiene el apoyo de su esposo, de sus hijos, y de sus padres, quienes la ven como un ejemplo de fortaleza.

Su espíritu de emprendedora la llevó a crear Trans Uru Chipaya, la primera empresa de transporte con esa ruta, con el fin de brindar mayor comodidad a los pobladores de ese sector que viajan a la capital orureña.

“No quería que mis hermanos sigan viajando en camiones, por eso hemos innovado y les hemos ofrecido mayor comodidad para viajar”, añadió.

VESTIMENTA

Ayer le entregaron la credencial que la respalda como máxima autoridad de Chipaya, para el acto llegó ataviada con sus mejores galas, luciendo una “almilla” blanca, un “acsu” café y en el pelo una infinidad de trenzas en las que resaltaban broches de metal heredados de sus abuelos.